Dios es Familia

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Autor: Miguel Manzanera, SJ

Dentro del calendario de la Iglesia Católica ocupa un lugar importante la Fiesta de Pentecostés, así llamada porque se celebra a los cincuenta días de la Pascua de la Resurrección. En este día se venera la venida del de la Rúaj Santa (nombre hebreo del Espíritu) sobre los 12 apóstoles, reunidos con algunas discípulas colaboradoras, con María la madre de Jesús y sus hermanos.

Tal como se narra en los Hechos de los Apóstoles, de repente vino del cielo un ruido como de una ráfaga de viento impetuoso que llenó la casa. Se aparecieron unas lenguas como de fuego que se dividieron y se posaron sobre cada uno de ellos, quedando llenos de la Rúaj Santa y comenzaron hablar en otras lenguas explicando las maravillas de Dios (Hch 2, 1/ 4).

De esta manera se cumplió lo que Jesús había prometido a sus discípulos en la última cena: “Le pediré  al Padre y Él des dará otro Paráclito (Abogado) para que esté con vosotros para siempre, la Rúaj de la Verdad... No les dejaré huérfanos... La Rúaj Santa que el Padre enviará en mi nombre les enseñará todo lo yo les he dicho... Cuando venga la Rúaj de la Verdad que procede del Padre y que yo os enviaré, les dará testimonio de mí… Les conviene que yo me vaya, porque si no me voy Ella no vendrá a ustedes… Les llevará a la Verdad plena” (Hch 14-16).

Esa insistencia de Jesús durante la última cena sobre la inminente venida del la Rúaj Divina, contrasta con la reserva que mantuvo durante su vida. Tan sólo en contadas ocasiones habló de Ella. “Cuando Jesús salió del agua, recién bautizado, se abrieron los cielos y vio a la Rúaj de Dios que bajaba como una paloma y se  posaba sobre Él. Una voz del cielo decía ‘Éste es mi Hijo amado en quien me complazco’. Entonces fue llevado al desierto por la Rúaj para ser tentado por el diablo” (Mt 3,16 - 4,1). San Jerónimo que tradujo la Biblia hebrea al latín, transcribe así el fragmento correspondiente del Evangelio a los Hebreos, texto hoy perdido: “Mi Madre me tomó de los cabellos y me llevó al desierto”. El mismo Jerónimo comenta que es lógico que Jesús llame “Mi Madre” a la Rúaj, pues en la lengua hebrea este término es femenino.

¿Quién es esa misteriosa persona que va cumplir el papel de Madre, Educadora y Defensora, que llevará a la incipiente Iglesia a  la Verdad plena y la protegerá frente al Príncipe de este mundo, En el evangelio de Juan, Jesús trata de enseñar al docto Nicodemo que para ver el Reino de Dios hace falta “nacer de lo alto”. Nicodemo lo entiende literalmente y pregunta: “¿Cómo uno puede nacer siendo ya viejo? ¿Acaso puede entrar otra vez en el seno de la madre y nacer de nuevo?”. Ante esa incomprensión de Nicodemo, Jesús simplemente le responde “El que no nazca de agua y de Rúaj no puede entrar en el Reino de Dios. La Rúaj sopla donde quiere y oyes su voz, pero no sabes ni de dónde viene ni a donde va” (Jn 3, 1-9).

La reserva de Jesús sobre la Rúaj Santa se refleja en la escasa reflexión de las Iglesias sobre este tema en los tres primeros siglos. Recién en el primer Concilio Ecuménico, celebrado en Nicea en el año 331, los obispos aprobaron la primera profesión de fe o sea el primer credo oficial de la Iglesia, pero únicamente se refirieron a Dios Padre y a Jesucristo su único Hijo … “concebido por obra y gracias del espíritu Santo”.

Recién en el siguiente Concilio en Constantinopla, convocado por el emperador Teodosio en el año 381, se completó la confesión de fe en la tercera persona de la Trinidad: “Creo en el Espíritu Santo, Señor y Dador de vida que procede el Padre y que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria y que habló por los profetas” (Catecismo del Iglesia Católica). Notemos que este Concilio, convocado por el emperador Teodosio I reunió a 185 obispos de Oriente y Occidente, de los cuales 150 afirmaban la divinidad del Espíritu Santo y 35 la negaban.

Notemos que ya la Iglesia Católica había adoptado el griego como la lengua propia y por lo tanto se produjo el cambio del género femenino de la Rúaj santa en idioma hebreo al género neutro “Pneuma” en griego. Este cambio se consolidaría cuando en el occidente la Iglesia de Roma utilizó el vocablo latino “Spiritus”, masculino, para referirse a la Rúaj Santa.

Si bien ha habido importante escritos sobre el Espíritu Santo, entre ellos el de Yves Congar, O.P., y el de Alberto Ibáñez, SJ, “Rúah Santa” (Buenos Aires), falta todavía una mayor profundización de la personalidad de la Rúaj Santa, sobre la base de su función salvífica maternal. De esta manera se comprenderían mejor su actuación histórica y también su misma identidad. El Papa Juan Pablo II en su hermosa “Carta las Familias”  del año 1994, pone de relieve la intención del Nosotros Divino de crear al Nosotros Humano “varón y mujer”, a su imagen y semejanza (Gn 1, 26).

A nuestro juicio hace falta estudiar ese texto fundacional de la familia humana, según el modelo de la familia divina. Ello contribuiría a una mayor profundización teológica sobre el tema de la familia que será tratado en el próximo Sínodo (octubre 2015). También es conveniente profundizar en los textos del Antiguo Testamento especialmente Proverbios y Sabiduría donde la Sabiduría no es sólo un atributo divino sino que tiene además su propia personalidad.

La familia además de ser un elemento importante en la revelación cristiana, constituye también una clave hermenéutica para comprender el plan de Dios, Familia Trinitaria, que ha creado a la familia humana, y la ha redimido a través de la Sagrada Familia de Nazaret, Jesús, María y José. La Iglesia reconoce una unión profunda entre la Rúaj Santa y la Virgen María, tema que merece ser tratado con detención.