La enseñanza de la Iglesia sobre tecnologías reproductivas.

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Por el Padre Shenan J. Boquet – Presidente de Vida Humana Internacional.

Publicado el 22 de noviembre del 2021.


Si un rabino judío desconocido de una pequeña ciudad le dice a su congregación lo que enseña el judaísmo, ¿es eso una noticia nacional? ¿Y lo es si un monje budista predica las enseñanzas del budismo? ¿O lo es si un gurú hindú explica el hinduismo a sus seguidores?

Parece bastante obvio que no hay nada digno de mención en ninguno de estos escenarios. Y sin embargo, por alguna razón, los principales medios de comunicación tienen la extraña costumbre de publicar historias sensacionalistas que informan de cómo algún pastor cristiano o sacerdote católico le enseñó a su congregación algo que el cristianismo enseña y siempre ha enseñado, como si esto fuera de importancia internacional.

Tomé esta historia publicada recientemente por la Canadian Broadcasting Corporation (CBC), la agencia de noticias nacional financiada por el gobierno de Canadá, titulada "Madre oriunda de Cape Breton (Cabo Breton) enojada después de que el boletín de la iglesia califica a la fertilización in vitro (FIV) como inmoral".

En resumen, una parroquia católica en North Sydney, Nueva Escocia, publicó un boletín parroquial en el que explicaban brevemente lo que la Iglesia enseña sobre las tecnologías de reproducción artificial. El boletín, que se colgó en la página de Facebook de la parroquia, explicaba que la Iglesia Católica se opone a la fertilización in vitro (FIV) y a la inseminación artificial, “porque disocian la procreación del acto con el que los cónyuges se entregan y así introducen la dominación de la tecnología sobre el origen y destino de la persona humana”.

La parroquia luego dirigió a los feligreses al Catecismo de la Iglesia Católica, párrafos 2373-2377. El Catecismo se publicó por primera vez en la década de 1990, y cualquiera que quisiera saber qué dice oficialmente la Iglesia Católica sobre la fertilización in vitro (FIV) o las tecnologías de reproducción artificial podría haberlo consultado en estos párrafos en cualquier momento.


Si se pregunta porque los medios consideran estas como noticias, no es el único. "El sacerdote católico enseña las enseñanzas católicas" es una historia tan digna de noticias como la titulada "El Papa es católico". Aún más extraño, sin embargo, es que la madre "enojada" mencionada en el titular del artículo de CBC que ni siquiera es miembro de la parroquia, y que ¡ni siquiera es católica en lo absoluto! Ella es una mujer no religiosa, que tuvo un hijo a través de la fertilización in vitro, y que de alguna manera se encontró con el boletín informativo de esta parroquia en Facebook y decidió ofenderse por él, calificándolo de "discurso de odio".



Un grave malentendido

Este hábito peculiarmente moderno de reaccionar a cualquier declaración sobre principios morales como "discurso de odio" es profundamente preocupante. Sin embargo, la lectura de los diversos artículos sobre el boletín de esta parroquia hizo ver cuán profundamente la gente malinterpreta lo que la Iglesia tiene que decir sobre este asunto y cuánta educación se necesita.

“Ningún niño es inmoral”, protestó una mujer, madre de un niño de 20 meses que fue concebido con fertilización in vitro. Este mismo tema surgió repetidamente. Otra mujer (que tampoco es católica) que estaba organizando una protesta en la iglesia, dijo que estaba protestando, "para realmente demostrar que obviamente estos niños no son inmorales y que tampoco lo son estas familias".

Sin embargo, esto no solo es un malentendido de la enseñanza de la Iglesia sobre la fertilización in vitro, sino que también es quizás el peor malentendido posible. La enseñanza de la Iglesia sobre tecnologías de reproducción artificial no solo no dice que el niño concebido sea "inmoral", sino que también pone el énfasis total en la preservación de los derechos y la dignidad del niño.

El párrafo 2378 del Catecismo dice: “Un niño no es algo que se le debe a alguien, sino que se debe considerar como un regalo. El "regalo supremo del matrimonio" es una persona humana. Un niño no puede ser considerado una propiedad, una idea a la que conduciría el supuesto "derecho a un niño" que podríamos tener. En este ámbito, solo el niño posee derechos genuinos: el derecho a ser fruto del acto específico del amor conyugal de sus padres y el derecho a ser respetado como persona desde el momento de su concepción”.

No hay niños "inmorales". Los niños concebidos mediante la fertilización in vitro son preciosos a los ojos de Dios, al igual que todos los niños. Aunque los medios por los que fueron concebidos son inmorales, Dios los ama y nosotros también debemos amarlos y apreciarlos. Lo que preocupa a la Iglesia es que la lógica interna de la fertilización in vitro y tecnologías similares conduce a ver al niño como un derecho, en lugar de un privilegio; como una mercancía, en lugar de un regalo; como algo que debe comprarse de acuerdo con las especificaciones, en lugar de ser bienvenido y aceptado sin ninguna condición.

En una declaración a CTV News, el obispo Wayne Kirkpatrick de la Diócesis de Antigonish, Nueva Escocia, señaló que “todos los niños, independientemente de las circunstancias de su concepción y nacimiento, deben ser amados, apreciados y cuidados. Un niño concebido in vitro es bienvenido por Dios y la Iglesia”. “La razón por la que la Iglesia se opone a la fertilización in vitro es que puede tratar al niño y a la pareja como si fueran parte de un proceso de fabricación. Existe preocupación por la pérdida de embriones y el uso de tecnología reproductiva para la selección en lugar de la creación. La enseñanza de la Iglesia se preocupa por los niños y las familias ".

¡Bien dicho!


Los problemas objetivos de la fertilización in vitro

Recientemente me encontré con dos historias. Una historia involucró a una pareja que decidió hacerse una de esas populares pruebas de ADN para ellos y sus dos hijos. Sin embargo, cuando llegaron los resultados, se sorprendieron. La prueba mostró que uno de sus hijos, que fue concebido mediante fertilización in vitro, no estaba relacionado biológicamente con su padre. Resultó que el laboratorio había utilizado esperma de otro hombre desconocido para crear al niño. La pareja tuvo que darle esta noticia a su hijo.

Al final, también localizaron al verdadero padre biológico, quien a su vez tuvo que decirles a sus tres hijos que tenían un medio hermano, nacido por accidente en otra familia.

La segunda historia, similar a la primera, involucró otra confusión en una clínica de fertilización in vitro. El resultado fue que dos parejas se llevaron a casa accidentalmente al hijo de la otra pareja. Las parejas solo comenzaron a sospechar que se había cometido un error en el momento del nacimiento, ya que los niños se veían tan diferentes a ellos. Pero solo descubrieron la verdad con certeza un mes después. En ese momento, los padres ya se habían unido profundamente con el niño que habían llevado y dado a luz. Los niños finalmente fueron intercambiados, pero una de las parejas describió el proceso como un momento en el que su "mundo comenzó a desmoronarse".

Estas historias desgarradoras, impactantes e inquietantes son una consecuencia previsible de permitir que la tecnología humana se inmiscuya tan profundamente en algo tan delicado y sagrado como la generación de una nueva vida humana.

No hace falta decir que muchos cónyuges que, debido a una alta incidencia de infertilidad en nuestra sociedad, recurren a la fertilización in vitro u otras tecnologías similares, lo hacen debido a un comprensible deseo natural de traer nueva vida al mundo. También es evidente que estos padres aman mucho a sus hijos.

Sin embargo, nada de lo que dice la Iglesia acerca de la fertilización in vitro o las tecnologías de reproducción artificial pone en duda en modo alguno el valor o la dignidad del niño o el amor de los padres por ese niño. En cambio, la enseñanza de la Iglesia simplemente apunta hacia ciertos hechos objetivos sobre el proceso de fertilización in vitro que no se pueden ignorar, como el daño causado a la unión matrimonial y a la pareja misma. Los hijos deben ser concebidos, engendrados exclusivamente a través de la expresión física del amor entre marido y mujer. Sin embargo, con la fertilización in vitro, los técnicos realizan las acciones que generan la vida, en lugar del marido y la mujer. Este acto va en contra del plan de Dios para el matrimonio y la forma en que los niños deben venir al mundo.




Otro hecho importante, mencionado brevemente por el obispo Kirkpatrick anteriormente, es que el proceso de fertilización in vitro a menudo implica la generación de múltiples embriones. Como consecuencia, hay literalmente millones de embriones, congelados en laboratorios de todo el mundo. Desde el punto de vista científico, se trata de seres humanos vivos, genéticamente únicos, que se encuentran en las primeras etapas de desarrollo.

Eventualmente, estos seres humanos más pequeños serán colocados en el útero de sus respectivas madres con la esperanza de que al menos uno se implante, llegue a término y nazca. En la mayoría de los casos, una pareja desea un hijo, por lo que los médicos matarán a uno o más de los niños en el útero, determinando arbitrariamente qué niño vive o muere. Y, si durante el proceso sucede que uno o más de los niños no están sanos o no se están desarrollando adecuadamente, sus vidas terminarán, desechadas como desperdicios. Los niños “sobrantes”, los que no se utilizan, son asesinados o utilizados para experimentos, mientras que otros son congelados en nitrógeno líquido para implantación o experimentación en el futuro.

Ésta no es una forma de tratar la vida humana. Los niños no son productos que se produzcan para las necesidades de los adultos y la comercialización. E independientemente de las intenciones de las personas involucradas debería considerarse como algo grave, que es profunda e intrínsecamente inmoral. Simplemente no hay forma de endulzar esta realidad objetiva. Solo por esta razón, la fertilización in vitro debe ser rechazada como algo sin conciencia alguna. Y la Iglesia tiene el deber de advertir a su rebaño y a la cultura que se alejen de esta práctica.

Si bien acojo con beneplácito la excelente declaración del obispo Kirkpatrick citada anteriormente, hay un área en la que respetuosamente no estoy de acuerdo con él. En el artículo de CBC, se citó al obispo diciendo que era "desafortunado" que el sacerdote pusiera la enseñanza sobre la fertilización in vitro en el boletín, porque “la gente está herida y entiendo la razón por la cual lo están”

En realidad, puedo pensar en pocas cosas menos controvertidas que poner un breve resumen de la enseñanza católica sobre un tema muy pertinente en un boletín parroquial. Hay muchas parejas que han tenido un hijo por fertilización in vitro, y hay personas que conocen a alguien, un familiar, amigo o colega, que ha tenido un hijo a través de este proceso, lo que hace necesaria la educación y formación en este tema. Muchos no entienden el proceso o ni siquiera saben que significa, lo que hace que sea aún más importante que los pastores guíen al rebaño confiado a su cuidado, afirmando la bondad de estos niños y enseñando por qué este proceso es inmoral.

Espero que la controversia sea utilizada por el pastor y la diócesis (y la comunidad católica en general) para presentar a las personas la sabiduría de la Iglesia sobre la santidad de la vida humana y la dignidad del matrimonio y el acto conyugal. Mientras tanto, oremos por todos los pastores para que no pierdan el valor al cuidar el rebaño de Dios y continúen defendiendo la vida y el matrimonio, sin importar el costo.



https://www.hli.org/2021/11/teaching-about-reproductive-technologies/