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El aborto nunca es un derecho humano

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Padre Shenan J. Boquet
Presidente
Human Life International 

¿Cómo es posible hablar de la dignidad de cada persona humana cuando la matanza de los más débiles e inocentes es permitida? ¿En el nombre de qué justicia se practica la más injusta de las discriminaciones: algunas personas son consideradas dignas de ser defendidas, pero a otras se les niega esa dignidad? (Papa San Juan Pablo II. Evangelium Vitae, no. 20).

Uno de los grandes logros de la civilización cristiana ha sido el desarrollo de una argumentación completamente sólida a favor de la dignidad de toda persona humana – una dignidad que es superior a la de cualquier otro ser de la creación material, pues solo la persona humana ha sido creada a imagen del Mismo Dios.

El Catecismo de la Iglesia Católica, en el no. 1702 nos enseña que “la imagen divina está presente en cada hombre, brilla en la comunión entre las personas, a imagen de la unidad de las personas divinas”.

Aquellos de nosotros que vivimos en un determinado momento de la historia y que formamos parte de un mundo que está completamente en deuda con la cosmovisión judeocristiana a menudo simplemente damos por sentado esa visión de la persona humana. No apreciamos el carácter único y monumental de este concepto en la historia de la raza humana. Hoy en día, aún muchos (aunque no todos) de los más acérrimos ateos profesan la creencia en la “dignidad de la persona humana”. No se detienen a apreciar que la concepción de esta realidad, en gran medida, tiene su origen y su muy difundido reconocimiento gracias al cristianismo.

Es verdad que, en un creciente número de casos, ciertos ideólogos están promoviendo abiertamente una ideología utilitaria y eugenista que mide el valor de los seres humanos en base a ciertos criterios, como la salud, la inteligencia, la productividad, el grado de felicidad personal, etc. Sin embargo, la mayor parte de las veces la gente comienza sus deliberaciones acerca de la persona humana con la fundamental presuposición de la visión judeocristiana acerca de la dignidad humana. Ello es así porque vemos que mucha gente todavía cree que las personas que son consideradas “inútiles” o incluso que han hecho mucho daño a otras personas, merecen cierto respeto básico y el reconocimiento de ciertos derechos que nunca pueden perder. Vemos este instinto manifestado, por ejemplo, en el movimiento en contra de la pena capital, aún en el caso de los peores criminales.

Desafortunadamente, sin embargo, los seres humanos son inconstantes, son cegados por sus propios prejuicios y deseos egoístas. En el siglo pasado, la mayor parte del mundo, incluyendo gran parte del mundo occidental cristiano, ha creado ciertas “excepciones” sistémicas a la dignidad de la persona humana. Estas personas se escapan del deber del respeto debido a otras personas, a menudo simplemente negando, para empezar, que el otro sea una persona humana. La principal víctima de esta manera de pensar son los bebés no nacidos, pero esta concepción tan equivocada se está extiendo de manera creciente hasta incluir a los discapacitados, los enfermos y los ancianos.

Nunca ha habido tanta evidencia científica en favor de la humanidad (y, por lo tanto, de su carácter de persona) del bebé no nacido. Y, sin embargo, nunca desde incluso los tiempos antiguos han estado los bebés por nacer tan desprotegidos. Esta “despersonalización” del bebé no nacido es simplemente la más reciente manifestación de la misma tendencia que llevó a los esclavistas del pasado a negarles la naturaleza de persona y su correspondiente dignidad a los negros y a otras razas esclavizadas. Se trata de la antigua visión pagana del ser humano, que se escapó de la sombrilla protectora de la civilización cristiana.

Como dijo el Papa San Juan Pablo II en Evangelium Vitae, no. 37: “Si tanto cuidado debemos tener en respetar cada vida humana, aún la de los criminales y los agresores injustos, el mandamiento ‘No matarás’ tiene absoluto valor cuando se trata de personas inocentes. Y más que todo, en el caso de seres humanos débiles e indefensos, quienes encuentran su última defensa ante la arrogancia y el capricho de otros solamente en la fuerza vinculante del mandamiento de Dios”.

Más manipulación psicológica: El aborto como un “derecho humano”

La semana pasada escribí acerca de la manipulación psicológica de los ideólogos de la ideología de género, quienes niegan las verdades más evidentes, a saber, que un hombre no puede convertirse en una mujer por más que lo desee y viceversa, y luego tienen la cara dura de acusar a los que no están de acuerdo con ellos de ser malos o estar locos.

La misma tendencia a manipular psicológicamente está presente en el movimiento proaborto. Los activistas proaborto llaman al bebé en el seno materno – que ahora podemos ver con nuestros propios ojos en la pantalla de una ecografía – un cúmulo de tejidos, y luego se dan media vuelta y tienen la cara dura de acusar a los provida, quienes protestan de que esto simplemente no es verdad, de ser “anticientíficos” o de no apoyar “los derechos de las mujeres”.

La postura proaborto está llena de estas y otras contradicciones flagrantemente absurdas. Considere el reciente documento de Antony Blinken, el nuevo Secretario de Estado del presidente Biden, quien sugirió que el acceso al aborto y a la anticoncepción (incluyendo la que es abortiva) es un “derecho humano” [1].

Como reportó la organización provida Live Action, durante el gobierno de Trump el informe acerca de los derechos humanos, que fue preparado por el Departamento de Estado, no dijo que el no tener las mujeres acceso al aborto o a la anticoncepción fuese una violación de los derechos humanos. Blinken, sin embargo, indicó que el gobierno de Biden estaba invirtiendo el rumbo [2].

En una reciente declaración, Blinken dijo que “Durante muchos años, nuestros informes acerca de los derechos humanos contenían una sección sobre la salud reproductiva, incluyendo información acerca de… la discriminación contra las mujeres en cuanto al acceso a la atención de la salud sexual y reproductiva y las políticas gubernamentales acerca de la anticoncepción. Estamos restaurando la práctica de documentar estos derechos en 2021 y en años futuros” [3].

Es importante notar que la frase “salud sexual y reproductiva” es ampliamente reconocida por las personas provida como un eufemismo que incluye el acceso al aborto y a la anticoncepción. En una declaración a los periodistas, Blinken afirmó que “los derechos de las mujeres, incluyendo los derechos sexuales y reproductivos, son derechos humanos” [4].

Si desempacamos el eufemismo, nos daremos cuenta de que lo que Blinken está diciendo es: “El derecho a matar a seres humanos inocentes es un derecho humano”, lo cual es groseramente absurdo, especialmente cuando es visto desde la perspectiva del bebé no nacido, quien es despojado de su derecho humano más fundamental – el derecho a la vida – en el nombre de unos supuestos “derechos humanos”.

Desafortunadamente, esto es solo uno de varios ataques extremistas contra la dignidad humana de los bebés no nacidos por parte del gobierno de Biden durante los últimos días. En una movida que no debe sorprendernos, Biden ha instruido al Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS, por sus siglas en inglés) revisar el reglamento de Trump de proteger la vida. Ese reglamento había prohibido el financiamiento del gobierno a proveedores de “salud” que cometen abortos o que remiten a otros para que los cometan. Gracias a ese reglamento, el gigante abortista Planned Parenthood perdió decenas de millones de dólares de los contribuyentes. Pero ahora ese reglamento ha sido revocado.

Recientemente, el Senado confirmó a la persona que el presidente Biden había nombrado para ser secretario del HHS: Xavier Becerra. Este señor ha sido descrito como un proaborto extremista. En una carta firmada por 60 líderes provida (entre ellos HLI) los signatarios llamaron a Becerra “un enemigo de toda política o ley provida” que ha “demostrado un completo desdén hacia las convicciones religiosas y morales de los que se oponen al brutal acto del aborto” [5].

Becerra previamente sirvió durante 24 años en el Congreso. Infamemente votó en contra de la Enmienda Hyde, la cual prohíbe que el gobierno financie el aborto. También votó en contra de la prohibición del horripilante aborto “por nacimiento parcial” en 2003 y también en contra de un proyecto de ley que exigía la protección y la atención médica de los bebés que sobrevivían un aborto. También votó en dos ocasiones en contra de un proyecto de ley que hubiera prohibido los abortos después del quinto mes de gestación. En otras palabras, Becerra todavía no se ha encontrado con ningún aborto que no quiera apoyar.

¡Y, sin embargo, este es el hombre que Biden ha elegido para promover la “salud”! Ciertamente no la salud de cientos de miles de niños no nacidos que son aniquilados todos los días en nuestro país.

El Cardenal Burke: Los políticos “católicos” proaborto están automáticamente excomulgados

Desafortunadamente, Becerra y Biden se consideran “católicos”.

En una insólita declaración, la Hermana Carol Keehan, la muy conocida religiosa que dirigió la Asociación Católica de la Salud de EEUU durante una década y media, dijo que se “sentía aliviada y entusiasmada” por el nombramiento de Becerra. La Hermana Keehan llamó a Becerra “un líder cuyo carácter está enraizado en su crianza y valores católicos” [6].

Con líderes católicos de esa clase, ¡quién necesita enemigos!

El simple hecho es que el aborto es ciertamente la más grave y más difundida violación de los derechos humanos y de la dignidad de la persona humana que está siendo cometida en el mundo hoy en día. Nadie que promueva este mal tan enorme, que se lleva a cabo a escala industrial, puede reclamar el ser un “católico devoto”.

San Juan Pablo II en Evangelium Vitae, no. 57, expresó: “La decisión deliberada de privar de su vida a un ser humano inocente siempre es un mal moral y nunca puede ser lícito ya sea como un fin en sí mismo ya sea como un medio para un bien. Es de hecho un grave acto de desobediencia a la ley moral y, de hecho, a Dios mismo, autor y garante de esa ley; dicho acto contradice las virtudes fundamentales de la justicia y la caridad”.

Afortunadamente, quedan algunos líderes de la Iglesia que están dispuestos a llamar a las cosas por su nombre. En una reciente declaración, el Cardenal Raymond Burke una vez más reiteró la doctrina establecida desde hace mucho tiempo de que los católicos que públicamente apoyan y promueven el aborto y otros actos intrínseca y gravemente malos se excomulgan automáticamente a sí mismos.

El Cardenal Burke aclaró que “Los que han sido excomulgados o han recibido un interdicto después de la imposición o declaración de la pena y otros que obstinadamente perseveran en pecado grave no deben ser admitidos a la Santa Comunión” [7].

A los que dicen que la Iglesia está usando a la Eucaristía como un “arma política” cuando les niega la Comunión a políticos “católicos” proaborto, el Cardenal Burke contestó: “Es más bien el político católico, que pública y obstinadamente promueve lo que es contrario a la ley moral y sin embargo se atreve a recibir sacrílegamente la Santa Comunión, el que está utilizando la Santa Eucaristía para sus propósitos políticos. En otras palabras, el político se presenta como un católico devoto, mientras la verdad es completamente lo opuesto”.

El Obispo Thomas Olmsted de la Diócesis de Phoenix añadió su voz a este debate en una exhortación apostólica el 1 de abril: “La Santa Comunión se reserva para aquellos que, por la gracia de Dios, hacen un sincero esfuerzo por vivir esta unión con Cristo y Su Iglesia al adherirse a todo lo que la Iglesia cree y proclama ser revelado por Dios”. Esto es, enfatiza el Obispo, el por qué la “Iglesia exige a los líderes católicos que públicamente han apoyado leyes gravemente inmorales como el aborto y la eutanasia que no reciban la Santa Comunión hasta que públicamente se arrepientan y reciban el Sacramento de la Penitencia”.

Y agrega: “no todos los temas morales tienen el mismo peso como el aborto y la eutanasia. La Iglesia enseña que el aborto y la eutanasia son un grave pecado y todos los católicos tienen la grave y clara obligación de oponerse a estos males por medio de la objeción de conciencia” [8]. Citando a Evangelium Vitae, Olmsted añade que “en el caso de una ley intrínsecamente injusta, como las leyes que permiten el aborto o la eutanasia, es por tanto nunca lícito obedecerla o participar en una campaña de propaganda a su favor o votar a favor de ella”.

La doctrina judeocristiana sobre la dignidad de la persona humana es uno de los dones más valiosos que Cristo ha dado a Su Iglesia y a la raza humana. Por esa razón debe ser protegida por todos los cristianos con gran fervor, so pena de que se pierda o caiga en el olvido. En estos tiempos de tantos problemas, en medio de una confusión rampante, ante el torrencial ataque contra la verdad y desprovistos de una doctrina sólida, el liderazgo del Cardenal Burke y del Obispo Olmsted es bienvenido como un soplo de aire fresco. Sus declaraciones son simplemente un reconocimiento de que ningún católico debe apoyar el ataque sistemático contra la dignidad de toda una categoría de personas y seguir diciendo que se es un “católico fiel”. Esta contradicción es simplemente demasiado extremista y profunda.

Ante el ataque del gobierno de Biden contra la dignidad humana, debemos, todos nosotros, responder al apremiante llamado de San Juan Pablo II en Evangelium Vitae, no. 5 de ¡“respetar, proteger, amar y servir la vida, toda vida humana! Solamente en esta dirección encontrareis justicia, desarrollo, verdadera libertad y felicidad”.

Fuente: Abortion is Never a Human Right | Human Life International (hli.org).

Notas:

[1]. Ver 2020 Country Reports on Human Rights Practices - United States Department of State.

[2]. Ver Abortion is a 'human right,' says Biden's new Secretary of State (liveaction.org)

[3]. Ver ‘Reproductive rights are human rights,’ U.S. Secretary of State says | CNA (catholicnewsagency.com).

[4]. Ibid.

[5]. Xavier Becerra, Biden’s HHS pick, is ‘an enemy of the health of women and the unborn,’ pro-life leaders say | America Magazine.

[6]. Ibid.

[7]. Statement on the Reception of Holy Communion by Those Who Persist in Public Grave Sin – Cardinal Raymond Burke (cardinalburke.com).

[8]. Ver Veneremur Cernui - Down in Adoration Falling: An Apostolic Exhortation to Priests, Deacons, Religious and the Lay Faithful of the Diocese of Phoenix on the Sacrament of the Holy Eucharist - The Roman Catholic Diocese of Phoenix (dphx.org).


 

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