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¿Vivimos en un mundo post-cristiano?

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Padre Shenan J. Boquet
Presidente
Human Life International

“A una cosa muerta se la lleva la corriente, pero una cosa viva puede ir en contra de la corriente” – G.K. Chesterton.

La respuesta al intento del tsunami de arrastrarnos con la corriente

Hasta hace relativamente poco, los cristianos en EEUU y en otras partes del mundo vivían en una cultura más o menos cristiana, y estaban acostumbrados a gobiernos que se sometían a un código de ética que en general se podía llamar cristiano. Sin embargo, está claro que ahora tenemos que crear nuevas estrategias  y tácticas para enfrentar un mundo que no solo ha abandonado la visión judeo-cristiana, sino que incluso se ha vuelto hostil a ella.

Por consiguiente, no debe sorprendernos el que estemos viviendo en un mundo post-cristiano. Simplemente observemos los cambios radicales que han ocurrido en cuanto a los valores que tienen que ver con el matrimonio y la familia, la sexualidad humana, y la protección de la vida humana. Las encuestas en EEUU muestran la gradual disminución de participación en las iglesias, la afiliación religiosa, la fe en Dios, y la importancia de la oración y la Sagrada Escritura [1]. El actual estado del cristianismo en EEUU también nos ayuda a comprender la gravedad de la situación que plaga a todo el mundo. Lenta pero inexorablemente, vemos que el rol de la religión en la vida pública está disminuyendo. Los principios judeo-cristianos que antes eran columnas de la mayoría de las culturas de Occidente, incluyendo EEUU, ya no son deseados o son descaradamente rechazados.

El segundo presidente de EEUU, John Adams (1797-1801), dijo: “Solamente la religión y la moral son las que pueden establecer los principios que fundamentan la libertad de manera segura. El único fundamento de una constitución libre es la virtud pura”.

La virtud es necesaria para que cualquier sociedad pueda florecer. Adams advirtió lo que ocurre si no se tiene esta columna fundamental, cuando escribió: “No tenemos un gobierno con el poder suficiente para ser capaz de luchar contra las pasiones humanas desenfrenadas que no sean la moral y la religión… Nuestra constitución fue elaborada solamente para un pueblo moral y religioso”.

Para que una sociedad sea verdaderamente libre, debe ser establecida por gente virtuosa. El cultivo de la virtud requiere fe, y la verdadera fe requiere libertad, la cual a su vez requiere virtud. En otras palabras, la virtud y la verdadera libertad son inseparables, tienen una relación simbiótica. Sin la religión y la moral (la virtud) no puede haber verdadera libertad.

El sexto presidente de EEUU, John Quincy Adams (1825-1829), hijo de John Adams, resumió este principio de manera excelente en una carta que escribió a su propio hijo: “Hay tres puntos doctrinales cuya creencia constituye el fundamento de toda moral. El primero es la existencia de Dios, el segundo es la inmortalidad del alma humana y el tercero es un futuro estado de premios y castigos. Si un hombre no cree en cualquiera de estos tres artículos de fe, ese hombre no tendrá conciencia, no tendrá otra ley que la de un tigre o un tiburón. Puede ser que las leyes humanas lo encadenen o lo ejecuten, pero nunca lo harán sabio, virtuoso o feliz”.

 

Nota:

[1]. https://news.gallup.com/poll/247571/catholics-question-membership-amid-scandal.aspx.

 

 

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