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¿Por qué la anticoncepción lleva al aborto?

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Padre Shenan J. Boquet
Presidente
Human Life International

Amina Khamis Juma tiene 22 años y vive en Tanzania, África. Después de dar a luz a su primer hijo en 2016, sus hermanas la convencieron de que comenzara a usar a anticonceptivos, ya que ella y su esposo no deseaban tener otro hijo. Sus hermanas le sugirieron que usar condones, pero éstos le causaron dolor y falta de confort. Por lo tanto, ella y su esposo pronto dejaron de usarlos. Cuando Amina quedó embarazada otra vez, la pareja, que no estaba dispuesta a tener otro hijo en ese momento, trágicamente optaron por el aborto.

Cuando los hombres y las mujeres confían en la tecnología para impedir la concepción de un nuevo hijo y la tecnología les falla, a menudo esperan no tener que enfrentar lo que ellos consideran una consecuencia “indeseada”: un bebé. A esta manera de pensar se le llama “la mentalidad anticonceptiva”. Cuando las parejas con esta mentalidad tienen relaciones sexuales en las cuales impiden el aspecto procreador, es porque no están dispuestas a considerar un embarazo. Cuentan con que el método anticonceptivo que están empleando hará lo que se supone que haga: impedir la concepción. Sin embargo, cuando la anticoncepción les falla y la mujer queda embarazada, la pareja sucumbe, como Amina y su esposo, al miedo y optan por el aborto como la “elección de respaldo” o el método para “corregir el fallo”.

El Padre Paul Marx, fundador de Human Life International y poseedor de un doctorado en sociología, pasó su vida afirmando la doctrina de la Iglesia acerca de la defensa de la vida humana, el matrimonio y la familia, así como dando testimonio de la mentalidad tóxica creada por “la mentalidad anticonceptiva”. El Padre solía decir: “Los estudios sociológicos han demostrado, prácticamente sin excepción, que los programas intensivos de anticoncepción, al enfatizar la prevención de embarazos no deseados, también refuerzan la intención de no criar hijos no deseados bajo ninguna circunstancia. Esto implica una mayor probabilidad que las mujeres cuyos anticonceptivos les fallan recurrirán al aborto”.

Durante una audiencia papal con el Papa San Juan Pablo II en 1979, el Padre Marx ofreció sus observaciones al Santo Padre diciéndole: “Una vez que la anticoncepción se ha difundido, el resto es predecible. En cada país la anticoncepción siempre lleva al aborto a gran escala”. Luego enfatizó: “Una vez que se ha difundido la anticoncepción y el aborto ha sido legalizado o se comete a gran escala, las tasas de nacimientos caen, la naciones colapsan, los jóvenes siguen el [mal ejemplo] de sus padres en cuanto al abuso de la sexualidad y un creciente número de ellos viven juntos sin el beneficio del matrimonio”. Como si fuese capaz de ver el futuro, el Padre Marx también habló con el Sumo Pontífice acerca del íntimo vínculo que existe entre la anticoncepción, el aborto y la eutanasia. Y puntualizó diciendo: “Porque si la gente es capaz de matarlos antes de nacer, ¿qué les impedirá el hacerlo después de que nazcan? De manera que el crimen de la eutanasia se vuelve inevitable”.

La colonización de la mente

Hamidou Kane, un novelista de Senegal, África, ha acuñado la expresión “la colonización de la mente”. Kane dice que hay dos maneras de controlar a los pueblos: a través de la fuerza bruta por medio de la guerra con bombas y armas de fuego; o a través de un método más permanente y menos costoso: lograr que la gente acepte nuevas actitudes por medio de la propaganda con el objetivo de socavar los dos custodios más importantes de los valores de una nación y de una cultura: la fe y la familia.

La Iglesia Anglicana, en su Conferencia de Lambeth en 1930, fue la primera denominación cristiana que sugirió que el uso de la anticoncepción por parte de los matrimonios podría ser moralmente lícito en ciertas circunstancias difíciles. Es importante observar que los líderes de esta Conferencia supusieron que el no usar anticonceptivos iba a ser la norma para los cristianos practicantes y que su uso solo iba a tener lugar en casos “extremos”. Pero como ya sabemos, la mentalidad de los “casos difíciles” siempre conduce a una perversión cada vez más grande. La línea que divide el bien del mal se hace cada vez más borrosa. La anticoncepción se vuelve “respetable” y hasta se pregona como “buena” para la vida conyugal y la sociedad. Lo que una vez fue considerado vergonzoso e inimaginable para una gran mayoría de cristianos (aun en el ámbito de la población en general) se vuelve aceptable y aún “necesario”.

Continuará.

 

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