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Inicio Publicaciones Columna HLI La llegada del colapso espiritual y religioso (3/3)

La llegada del colapso espiritual y religioso (3/3)

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Padre Shenan J. Boquet
Presidente
Human Life International

La verdadera libertad

En vez del concepto moderno y negativo de la libertad como la ausencia anárquica de todo tipo de restricción, el Cardenal Sarah propone un concepto positivo de ella, como aquello que “tiende hacia lo que es bueno y verdadero”.

“La verdad existe para ser conocida y abrazada libremente”, dice. De hecho, “Una libertad que no esté orientada hacia la verdad y guiada por ella es un contrasentido. El error no tiene derechos”. Mientras el hombre moderno percibe la ley de Dios como una imposición a su libertad, la realidad es mucho más hermosa. “La revelación es la aparición de la verdad divina en nuestras vidas”, dice el Cardenal. “No nos restringe. Al darse y revelarse a Sí Mismo, Dios respeta la libertad que Él mismo ha creado. Estoy convencido de que la oposición entre la verdad y la libertad es el fruto de una falsa concepción de la dignidad humana”.

La libertad existe no para que los seres humanos hagan lo que les dé la gana, sino para que libremente abracen la verdad y el amor auténtico. “Aceptar la verdad es el acto más hermoso de la libertad que el hombre puede realizar”, dice el Cardenal Sarah. “Nuestra libertad logra su plenitud cuando dice ‘sí’ a la verdad revelada. Si esa libertad dice ‘no’ a Dios, entonces se niega a sí misma. Se asfixia”.

Trágicamente, sin embargo, no solamente la cultura en general, sino la Iglesia misma ha sido infectada con conceptos equivocados de la libertad, que están afectando mortalmente su misión de evangelización. En otra reciente entrevista con Aleteia, el Cardenal Sarah rechazó la oposición que algunos en la Iglesia han expresado hacia el “proselitismo”. “La evangelización es un deber”, dijo. “Ya sean musulmanes, budistas o animistas, debemos evangelizar a todos proclamando a Jesucristo, porque Él es el único camino de salvación”.

Aún más grave es la tendencia de algunos en la Iglesia, incluyendo obispos y sacerdotes, de transigir fatalmente en relación con doctrinas esenciales. Esos obispos y sacerdotes “desorientan a los fieles confundiéndolos por medio de un lenguaje ambiguo. Adulteran y falsifican la Palabra de Dios, la tergiversan para ganarse la aprobación del mundo. Son los Judas Iscariotes de nuestros tiempos”. Con los horrores de la crisis de los abusos sexuales y la preponderancia de la confusión doctrinal, “la Iglesia está pasando por el misterio de la flagelación”, dice el Cardenal. En la introducción de su nuevo libro, el Cardenal lamenta que la Iglesia “ha sido envuelta y cegada por el misterio de la iniquidad”.

“Las crisis de la Iglesia es sobre todo una crisis de fe”, proclama el Cardenal Sarah. “Algunos quieren una Iglesia que sea una sociedad humana y horizontal; quieren que hable el lenguaje de los medios de difusión. Quieren que sea popular. Urgen a la Iglesia a que no hable de Dios, sino que se lance en cuerpo y alma a resolver los problemas sociales: la migración, la ecología, el diálogo, la cultura del encuentro, la lucha contra la pobreza, la justicia y la paz”. Si bien es cierto que estos asuntos son importantes, “una Iglesia así no le interesa a nadie”, alerta el Cardenal. “La Iglesia solamente despierta el interés cuando permite que nos encontremos con Jesús. Ella es legítima solamente cuando nos transmite la Revelación de Dios”.

Aunque el Cardenal Sarah algunas veces habla de la crisis espiritual que afecta al mundo y a la Iglesia por medio de un lenguaje duro, su mensaje, en última instancia es fundamentalmente esperanzador. Para poder superar esta crisis, Su Eminencia es partidario de un camino que no es nuevo, pero que sí es radical en el sentido en que el Evangelio mismo es radical.

“No debemos temer el redescubrimiento de los métodos del combate espiritual”, dice, “la oración, la penitencia y el ayuno”. Mientras algunos argumentan que lo que la Iglesia necesita es una reforma estructural, el Cardinal dice que él está convencido de que lo que más necesita la Iglesia son santos. “Estoy seguro de que son los santos los que cambian la historia. Las estructuras vienen después, y lo que hacen es perpetuar lo que los santos han logrado. Necesitamos santos que se atrevan a ver todas las cosas a través de los ojos de la fe, que se atrevan a ser iluminados por la luz de Dios”. 

Estoy convencido de que el Cardenal Sarah tiene toda la razón en cuanto a este asunto. Y lo más importante, creo que los santos que la Iglesia necesita desesperadamente hoy no son un grupo de personas extraordinarias que están “allá afuera”. Están entre nosotros. Con la gracia de Dios, podemos y debemos ser usted y yo. En vez de caer en la tentación de la desesperación ante los escándalos en la Iglesia y la creciente falta de fe de nuestra cultura, tenemos el poder, por la gracia de Dios, de comenzar la renovación que la Iglesia necesita dentro de nuestras propias familias, parroquias y comunidades.

El Cardenal concluye su entrevista con La Nef con estas hermosas palabras:

“Simplemente tenemos que vivir nuestra Fe, de manera completa y radical. Las virtudes cristianas son el resultado del florecer de la Fe en todas las facultades humanas. Marcan el camino para una vida de felicidad en armonía con Dios. Debemos crear espacios donde puedan florecer. Hago un llamado a todos los cristianos a que crean oasis de libertad en medio del desierto que ha surgido por culpa de una rampante cultura de ganancias excesivas. Debemos crear espacios donde el aire sea respirable o simplemente donde la vida cristiana sea posible. Nuestras comunidades deben poner a Dios en el centro. En medio de la avalancha de mentiras, debemos ser capaces de encontrar lugares donde la verdad no solamente sea explicada, sino también vivida y experimentada. En pocas palabras, debemos vivir el Evangelio: no pensando simplemente que es una utopía, sino una vida que debe vivirse de manera concreta. La Fe es como un fuego, pero tiene que quemar para que pueda ser transmitida a los demás. ¡Cuiden este sagrado fuego! Permitan que sea el calor en sus corazones en medio de este invierno de Occidente”. 

 

MENSAJE DE PADRE SHENAN BOQUET

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