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Inicio Publicaciones El por qué las huelgas por motivo del cambio climático son tan preocupantes (3/3)

El por qué las huelgas por motivo del cambio climático son tan preocupantes (3/3)

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Padre Shenan J. Boquet
Presidente
Human Life International


Nada ocurre en el vacío

En una época en la cual el mundo se encuentra en las primeras etapas de una aguda implosión demográfica, estos confundidos jóvenes están firmando una promesa que no solamente les roba el gozo de la vida familiar, sino que también les alimenta la falta de esperanza a la que han sucumbido. De hecho, ¿hay algo que apunte más a la desesperación – excepto quizás el suicidio – que la decisión deliberada de no dar la bienvenida a nuevas vidas al mundo a causa de un sobrecogedor temor al futuro?

Pero además de estar preocupado por estas huelgas climáticas y la propaganda que las sostiene, me preocupa lo que todo ello está causando a niños, adolescentes y jóvenes. Me preocupa lo que revelan acerca de la naturaleza y prioridades de la próxima generación. Más que ninguna otra generación, los que ahora están llegando a la adolescencia han sido adoctrinados por parte de los “progresistas”, quienes han corrompido casi todos los estratos de influencia. Los datos estadísticos son muy claros: la mayoría de los campos que tienen más influencia en la mentalidad pública – la educación, el entretenimiento y el periodismo – están, en su mayoría, poblados por los mal llamados “progresistas”. En generaciones anteriores teníamos por lo menos para contrarrestar las malas ideas la influencia de la iglesia, la familia y la comunidad. Pero ahora, los miembros de la generación que están llegando a la edad adulta son cada vez más ateos o apáticos, el producto de familias desintegradas y parte de una sociedad que promueve el individualismo radical por encima de la vida comunitaria. En muchos casos, los ideólogos “progresistas” tienen un acceso casi ilimitado a la mentalidad de la nueva generación de niños adolescentes y jóvenes, ya sea a través del aula escolar, la TV o los teléfonos inteligentes. De hecho, en muchos casos, el llamar “huelgas” a estas protestas es utilizar un nombre equivocado, ya que muchos estados y juntas escolares son los que facilitan y animan a los estudiantes a que participen.

Como muchas otras personas, me animan los datos estadísticos que sugieren que el apoyo a la causa provida ha estado aumentando, aún por parte de las nuevas generaciones. Sin embargo, corriendo el riesgo de ser considerado un agorero, no puedo evitar preocuparme por la desproporción. ¿Habría alguna posibilidad de que existiese una Greta Thunberg provida que podría convencer a millones de sus pares alrededor del mundo de salirse de la clase escolar y manifestarse en apoyo a los bebés no nacidos? ¿Habría alguna posibilidad de que estados enteros, sistemas escolares y gente famosa apoyaran este esfuerzo? No se trata de que no haya causa para alarmarse por la degradación ambiental. Pero mientras nuestra juventud se deprime a causa de una crisis ambiental global que no se ha materializado, millones de bebés no nacidos mueren a causa del aborto.

¿Qué debemos concluir de todo esto? En primer lugar, debemos poner las cosas en perspectiva. La lucha contra el espíritu de los tiempos siempre ha sido entre un David y un Goliat. No debemos sorprendernos ni escandalizarnos cuando nos enteramos de que la verdad no es popular ni de que los acaudalados y los poderosos no están del lado de ella. En segundo lugar, sin embargo, y repitiendo algo que siempre enfatizo – los cristianos no deben subestimar el valor que tiene el invertir en la educación ni dejar de supervisar cuidadosamente las fuentes de información a las que permitimos a nuestros hijos tener acceso. El solo mirar los datos estadísticos es suficiente prueba de que no hemos hecho lo suficiente para que nuestros hijos profundicen en la verdad. Los cristianos y otras personas de buena voluntad han cedido los espacios públicos a las voces “progresistas”. Aunque nunca debemos desesperarnos, ciertamente tenemos la responsabilidad de proporcionar espacios en los cuales nuestros hijos puedan florecer. Dar a nuestros hijos un teléfono inteligente sin filtros y luego enviarlo a la escuela local sin tomar ningún interés en lo que allí le enseñan simplemente no es una opción. Involúcrese en la educación de sus hijos y, aún mejor, apoye su alternativa local de una escuela cristiana o clásica.

Finalmente, debemos observar que estas huelgas no son solamente malas noticias, porque muestran que nuestra juventud está hambrienta de una causa a la cual entregarse y está dispuesta a levantarse en masa e involucrarse en la lucha por aquello en lo cual cree. En muchos casos, su preocupación ciertamente surge de un amor saludable y bueno por la belleza de la creación de Dios – algo admirable. Nuestra labor consiste en encontrar maneras creativas de guiar esa pasión hacia la causa de un bien más completo: crear una Cultura de Vida y una Civilización de Amor, que se caractericen no solo por el respeto hacia la creación de Dios, sino también por el respeto debido a la vida y dignidad de cada ser humano.

Padre Shenan J. Boquet

Presidente

Human Life International

 

Nada ocurre en el vacío

 

En una época en la cual el mundo se encuentra en las primeras etapas de una aguda implosión demográfica, estos confundidos jóvenes están firmando una promesa que no solamente les roba el gozo de la vida familiar, sino que también les alimenta la falta de esperanza a la que han sucumbido. De hecho, ¿hay algo que apunte más a la desesperación – excepto quizás el suicidio – que la decisión deliberada de no dar la bienvenida a nuevas vidas al mundo a causa de un sobrecogedor temor al futuro?

 

Pero además de estar preocupado por estas huelgas climáticas y la propaganda que las sostiene, me preocupa lo que todo ello está causando a niños, adolescentes y jóvenes. Me preocupa lo que revelan acerca de la naturaleza y prioridades de la próxima generación. Más que ninguna otra generación, los que ahora están llegando a la adolescencia han sido adoctrinados por parte de los “progresistas”, quienes han corrompido casi todos los estratos de influencia. Los datos estadísticos son muy claros: la mayoría de los campos que tienen más influencia en la mentalidad pública – la educación, el entretenimiento y el periodismo – están, en su mayoría, poblados por los mal llamados “progresistas”. En generaciones anteriores teníamos por lo menos para contrarrestar las malas ideas la influencia de la iglesia, la familia y la comunidad. Pero ahora, los miembros de la generación que están llegando a la edad adulta son cada vez más ateos o apáticos, el producto de familias desintegradas y parte de una sociedad que promueve el individualismo radical por encima de la vida comunitaria. En muchos casos, los ideólogos “progresistas” tienen un acceso casi ilimitado a la mentalidad de la nueva generación de niños adolescentes y jóvenes, ya sea a través del aula escolar, la TV o los teléfonos inteligentes. De hecho, en muchos casos, el llamar “huelgas” a estas protestas es utilizar un nombre equivocado, ya que muchos estados y juntas escolares son los que facilitan y animan a los estudiantes a que participen.

 

Como muchas otras personas, me animan los datos estadísticos que sugieren que el apoyo a la causa provida ha estado aumentando, aún por parte de las nuevas generaciones. Sin embargo, corriendo el riesgo de ser considerado un agorero, no puedo evitar preocuparme por la desproporción. ¿Habría alguna posibilidad de que existiese una Greta Thunberg provida que podría convencer a millones de sus pares alrededor del mundo de salirse de la clase escolar y manifestarse en apoyo a los bebés no nacidos? ¿Habría alguna posibilidad de que estados enteros, sistemas escolares y gente famosa apoyaran este esfuerzo? No se trata de que no haya causa para alarmarse por la degradación ambiental. Pero mientras nuestra juventud se deprime a causa de una crisis ambiental global que no se ha materializado, millones de bebés no nacidos mueren a causa del aborto.

 

¿Qué debemos concluir de todo esto? En primer lugar, debemos poner las cosas en perspectiva. La lucha contra el espíritu de los tiempos siempre ha sido entre un David y un Goliat. No debemos sorprendernos ni escandalizarnos cuando nos enteramos de que la verdad no es popular ni de que los acaudalados y los poderosos no están del lado de ella. En segundo lugar, sin embargo, y repitiendo algo que siempre enfatizo – los cristianos no deben subestimar el valor que tiene el invertir en la educación ni dejar de supervisar cuidadosamente las fuentes de información a las que permitimos a nuestros hijos tener acceso. El solo mirar los datos estadísticos es suficiente prueba de que no hemos hecho lo suficiente para que nuestros hijos profundicen en la verdad. Los cristianos y otras personas de buena voluntad han cedido los espacios públicos a las voces “progresistas”. Aunque nunca debemos desesperarnos, ciertamente tenemos la responsabilidad de proporcionar espacios en los cuales nuestros hijos puedan florecer. Dar a nuestros hijos un teléfono inteligente sin filtros y luego enviarlo a la escuela local sin tomar ningún interés en lo que allí le enseñan simplemente no es una opción. Involúcrese en la educación de sus hijos y, aún mejor, apoye su alternativa local de una escuela cristiana o clásica.

 

Finalmente, debemos observar que estas huelgas no son solamente malas noticias, porque muestran que nuestra juventud está hambrienta de una causa a la cual entregarse y está dispuesta a levantarse en masa e involucrarse en la lucha por aquello en lo cual cree. En muchos casos, su preocupación ciertamente surge de un amor saludable y bueno por la belleza de la creación de Dios – algo admirable. Nuestra labor consiste en encontrar maneras creativas de guiar esa pasión hacia la causa de un bien más completo: crear una Cultura de Vida y una Civilización de Amor, que se caractericen no solo por el respeto hacia la creación de Dios, sino también por el respo debido addddd la vida y dignidad de cada ser humano