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¿Vivimos en un mundo post-cristiano? (2/3)

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Padre Shenan J. Boquet
Presidente
Human Life International

El papel central de la fe

Las encuestas una y otra vez nos muestran que el número de los que dicen no pertenecer a ninguna religión y el de los que dicen que han dejado la religión continúan creciendo, mientras que la participación en las iglesias continúa disminuyendo continuamente [2]. Como cristianos se nos ha enseñado que poseemos la verdad absoluta, pero tristemente nos estamos convirtiendo en la minoría. En un mundo pluralista, en cuanto a la cultura [3] y la religión, nuestras voces, convicciones y costumbres se encuentran cada vez más bajo ataque por parte de agresivas maneras secularistas y relativistas de pensar y ver el mundo. Estas cosmovisiones compiten por la atención de la gente y alegan poseer la verdad última. La consecuencia de este cambio radical de visión y creencias culturales es clara.

El consenso en torno a principios morales claves ha disminuido drásticamente. La nueva generación está heredando un nuevo escenario moral muy diferente al de las generaciones pasadas. Un segmento de la sociedad en EEUU, la Generación Z (los nacidos a mediados de los 1990 hasta el presente), que constituye el 25% de la población del país, tiene una visión muy diferente de Dios, la fe, la moral, el matrimonio, el aborto, la sexualidad, el género y la vida. Esta generación ha aceptado el nuevo escenario moral que ha heredado atrincherando más aún la “moral progresista”. Esta “moral progresista” incluye una creciente apatía hacia la religión, un mayor enfoque en el éxito mundano y una cosmovisión más relativista. Según algunos estudios, un elevado porcentaje de la Generación Z cree que lo está moralmente bien o mal cambia con el tiempo y depende de la situación. En otras palabras, no hay verdad objetiva, el individuo es el árbitro. 

La batalla por los valores morales que nosotros como pueblo vamos a sostener y defender ha estado furiosamente teniendo lugar durante mucho más de las últimas cinco décadas. Hemos caído en una época de cambios radicales y de agresivos desafíos a las enseñanzas más fundamentales de la moral cristiana sobre el matrimonio y la familia, la anticoncepción, el aborto, las uniones homosexuales, la ideología de género y la sexualidad humana. Tristemente, la indiferencia y el echarse atrás han sido las respuestas defectuosas de la mayoría de los cristianos, incluyendo católicos. Los cristianos están más preocupados con “perder la credibilidad” ante el mundo que les rodea que de ser fieles a Cristo, Quien es la Verdad Misma. La tragedia de los últimos cincuenta años, que ha dado como resultado millones de bebitos abortados, matrimonios rotos y corazones y cuerpos destrozados, podía haber sido evitada, si los cristianos hubiesen elegido mantenerse firmes en la fe y ser valientes testigos en público.

La tendencia ante la desalentadora realidad de una agotadora oposición y una aparente derrota es escapar y salirse de la batalla y aislarse con la familia. Sin embargo, ese no es el rol ni la misión del cristiano como declaró el Papa León XIII (1878-1903), quien nos enseñó que “los cristianos han nacido para el combate”. En Spientiae Christianae, el Papa definió los deberes de los católicos en la sociedad civil, enfatizando que los católicos tienen que obedecer a Dios, aun cuando ello les ponga en conflicto con las autoridades. Y si la ley civil contradice la ley divina, “entonces, verdaderamente, el resistir se convierte en deber positivo”.


Continuará.


Notas:

[2]. https://www.scientificamerican.com/article/the-number-of-americans-with-no-religious-affiliation-is-rising/.

[3]. Cuando el P. Boquet habla de pluralismo cultural, no está rechazando los valores propios de las culturas que son rescatables por el Evangelio, sino del modo de pensar, las actitudes y el modo de actuar de la sociedad actual en general.