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¿Es la monogamia anti-natural? ¿Cuál es su origen? (2/2)

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Susan Ciancio
Human Life International

Si bien la historia es fascinante  y nos ofrece un vistazo de cómo las relaciones interpersonales y el matrimonio han evolucionado, nuestra fe católica nos enseña que la monogamia está profundamente enraizada en el plan que Dios tiene para Sus hijos e hijas. En su Encíclica Humanae vitae, el Papa Pablo VI escribió: “El matrimonio no es, por tanto, efecto de la casualidad o producto de la evolución de fuerzas naturales inconscientes; es una sabia institución del Creador para realizar en la humanidad su designio de amor. Los esposos, mediante su recíproca donación personal, propia y exclusiva de ellos, tienden a la comunión de sus seres en orden a un mutuo perfeccionamiento personal, para colaborar con Dios en la generación y en la educación de nuevas vidas” [7].

Abundando en este diseño de Dios para el matrimonio, el Padre Shenan J. Boquet, Presidente de Human Life International, expresó: “Hay dos elementos que llaman poderosamente la atención en la visión de Pablo VI acerca del amor conyugal. El primero es que es una visión del amor que exige esfuerzo y sacrificio continuos. El segundo es que es un amor que presume la igualdad entre los esposos, una igualdad que se fomenta por medio del espíritu de sacrificio apenas mencionado” [8].

El esfuerzo y el sacrificio son la espina dorsal de cualquier buen matrimonio. Dios no prometió que el matrimonio sería fácil, pero sí nos prometió darnos Sus gracias si se las pedimos. Y aunque nos dio el don del matrimonio, tenemos la libertad de desperdiciarlo o de cultivarlo.

Lamentablemente, hoy en día, vemos muchos más ejemplos del desperdicio de este don, a medida que nuestra sociedad distorsiona la belleza del don divino del matrimonio y “normaliza” aún las más desordenadas y problemáticas “uniones”, incluyendo las poli amorosas, como la que involucra a un matrimonio y a su contraparte femenina – conocida como “trupla”. Todos viven como una “familia abierta” con el hijo de 7 años del matrimonio. Todos son hijos de padres divorciados, lo cual sin duda fue un factor que ocasionó esta decisión [9].

El uso de la palabra “abierta” suena como que los que creen en el matrimonio entre un hombre y una mujer tienen de alguna manera la mente cerrada. Pero piense: estos “exploradores” ven la sexualidad como si solo fuese un buffet, donde cada cual puede escoger algo nuevo cada vez que siente hambre. Y si no te gusta, simplemente lo puedes descartar.

Aparte de los problemas interpersonales y el dolor que inevitablemente tendrán lugar debido a que comparten un amante – y la discordia que seguirá - ¿qué pasa con el niño en esa relación? Vive confundido y crece no solamente con una visión tergiversada del matrimonio, sino también con una visión distorsionada de la fidelidad – una visión que llevará consigo a sus futuras relaciones interpersonales.


El vínculo del matrimonio es sagrado

“La capacidad misma de los seres humanos para establecer vínculos entre ellos y mantener una unión que dure para toda la vida es verdaderamente posible… Pensando que las personas se puedan convertir en ellas mismas mientras permanecen ‘autónomas’ y solamente entrando a formar parte de una relación con otros que puede ser interrumpida en cualquier momento es parte de esta mentalidad que está tan difundida. Todo el mundo está consciente de cómo la elección de un ser humano de establecer un vínculo para toda la vida influye en la perspectiva fundamental de cada persona según la cual están o bien ancladas en un simple nivel humano o bien abiertas a la luz de la fe en el Señor”. (Papa Emérito Benedicto XVI.)

Dios tiene un plan mejor y Su plan es perfecto. Dios ha elevado el matrimonio a la dignidad de sacramento, por medio del cual los esposos continuamente se esfuerzan por ayudarse mutuamente a ser mejores. Piense en ello de esta manera: El amor verdadero es querer lo que es mejor para la otra persona. En las relaciones poli amorosas cada uno solo quiere lo que es mejor para “mí”.

Puede ser que algunos piensen que este ideal del matrimonio es simplemente una fantasía. Pero, ¿por qué no nos esforzamos en lo que es mejor y más saludable, no solo para nosotros mismos, sino también para nuestros hijos y los hijos de ellos? Como católicos, comprendemos que esta visión del matrimonio ya no sea quizás la “norma” en la sociedad, pero no hemos sido llamados a seguir esa “norma”. Hemos sido llamados a seguir a Cristo. Hemos sido llamados a vivir cada día de tal manera que siempre estemos nosotros mismos, así como nuestros cónyuges y nuestros hijos, un paso más cerca de la vida eterna con Dios. Esa es nuestra meta. Tan sencillo como eso. Y es una meta que no podremos alcanzar si vivimos solamente para el aquí y ahora ni tampoco si ponemos nuestros deseos egoístas y materiales por encima de los espirituales.


Notas:

[7]. No. 8.

[8]. https://www.hli.org/2018/06/the-third-prophesy-of-humanae-vitae-the-collapse-of-respectful-relationships/.

[9]. https://www.foxnews.com/entertainment/red-table-talk-polyamorous-throuple-ethical-non-monogamy.