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Mensaje de los Obispos de Bolivia al Pueblo de Dios

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Autor: Miguel Manzanera SJ

Los Obispos de Bolivia, reunidos en la centésima Asamblea Ordinaria de la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB) en Cochabamba, del 5 al 10 de noviembre de 2015, dieron a conocer su Mensaje Final del cual hacemos un resumen. En primer lugar agradecen a Dios y también a todos los que han colaborado en la CEB. De manera especial saludan al Papa Francisco con el recuerdo de su reciente visita a Bolivia el pasado mes de julio, agradeciendo los gestos y palabras que ha dejado para seguir construyendo el Reino de Dios.

Igualmente agradecen la invitación del Papa a toda la Iglesia para celebrar el Año Jubilar de la Misericordia a partir del próximo 8 de diciembre. Consideran que será una oportunidad extraordinaria para poner el perdón de Dios en el primer lugar de nuestra vivencia cristiana. Por eso invitan a todos los hermanos bolivianos a aprovechar esta oportunidad de ser perdonados y de perdonar. Con Cristo es posible, porque Él es la misericordia del Padre que se ha hecho cercana y tangible. Debemos ser capaces de perdonar a todos, venciendo el orgullo, según las palabras de Jesús: “Si no se hacen como niños no entrarán al Reino de Dios” (Mt 18,3).

Los Obispos auguran que “este Año Jubilar nos permita mirar de forma diferente a los últimos, a los descartados en nuestro país. Ahora es el tiempo para el cambio que nos ayude a actuar, como personas, comunidades e instituciones ante la situación de los niños que no tienen familia o viven sin ser acompañados por sus padres. Seguir trabajando por las mujeres víctimas del maltrato y la violencia, incluso por el grave problema del feminicidio que lejos de disminuir, aumenta en el país. Ofrecer oportunidad a los jóvenes que sufren a causa del desempleo o el subempleo”.

A continuación los prelados enumeran algunas situaciones dolorosas por las que atraviesa Bolivia. Denuncian la “capciosa interpretación” (del Tribunal Constitucional de Bolivia) para ampliar y facilitar el aborto impune, sin querer darse cuenta que se está propiciando la muerte de muchos niños inocentes y que no se respeta el sufrimiento de las madres, el profundo sentido de respeto a la vida de nuestras culturas originarias y el legítimo derecho a la objeción de conciencia de los operadores de salud. Por eso se hace necesario ofrecer mayor orientación, ayuda y sustento para quienes se encuentran en situación de dificultad.

También critican la exaltación de las ideologías que no dejan ver la realidad de los más necesitados ni escuchar su voz. Se amedrenta a quienes expresan una opinión diferente del pensamiento ideológico dominante que se pretende imponer a toda costa. Los obispos denuncian los gastos en obras no esenciales, descuidando la salud y la educación e ignorando las prudentes llamadas a asumir políticas de austeridad.

Como fruto de la ausencia de valores ha crecido la violencia, la inseguridad ciudadana e igualmente el comercio y el consumo de drogas que van ganando terreno. A esto se añade la corrupción y la impunidad política y judicial que ampara y avala esta situación. “Entonces, si reconocemos esto, digámoslo sin miedo: necesitamos y queremos un cambio” (Discurso Papa Francisco a los Movimientos populares). No nos dejemos robar la esperanza de lograr un verdadero cambio.

La Iglesia constata que cada vez se hace más difícil mantener obras de beneficencia que realizan tareas de promoción humana para los más necesitados de la sociedad a través de los centros de asistencia social a personas con capacidades diferentes, ancianos y enfermos mentales; con los hogares de niños abandonados; con la educación formal e informal. Denuncian que se les trate a las obras sociales de servicio y sin fines de lucro con las mismas exigencias impositivas y económicas que a las empresas que generan ganancias. “Todo esto es desigualdad social y provoca una mayor injusticia”.

Los Obispos recuerdan con gratitud cómo el Papa en su viaje a Bolivia inauguró el V° Congreso Eucarístico que fue celebrado en Tarija en septiembre con el lema “Pan partido para la vida del mundo”. Este congreso, celebrado felizmente, ha permitido conocer más y celebrar mejor la Eucaristía como un inmenso regalo de Dios. Por eso se invita a todos los miembros del Iglesia a poner en práctica las conclusiones y a colocar a los más necesitados en el centro de nuestras preocupaciones.

Por último los Obispos celebran la terminación del año dedicado a la Vida Consagrada y del Sínodo de la Familia y el inicio del Año de la misericordia el 8 de diciembre con el tiempo de Adviento, dando atención a los más pobres, entre los cuales quiso nacer el Hijo de Dios haciéndose uno de nosotros para enriquecernos con su pobreza. Terminan los Obispos invocando a la Virgen, Madre de Misericordia, solicitando su ayuda para ser servidores los unos de los otros.