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LA EUTANASIA

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UNA PERSPECTIVA SOCIAL
 

I.  INTRODUCCION

La eutanasia, tema este trabajo, fue un problema social en aquellas sociedades primitivas en que se practicaba la eliminación de vidas consideradas inútiles, costumbre que estaba admitida a los recién nacidos con mal formaciones o los ancianos hasta que la influencia del cristianismo acabó con tales practicas inhumanas, desde la llegada del cristianismo hasta el siglo XX, la misma no había suscitado controversias, no obstante en nuestra época algunos sectores vuelven a convertirla en problema al pretender su legalización, estos sectores han propuestos leyes permisivas que habitualmente han sido rechazadas en distintos piases. Sin embargo, la actitud a favor de la eutanasia de estos pequeños grupos, la mentalidad de la cultura actual con la relativización de los valores expresado, por ejemplo, en el cambio de los conceptos de familia y sus consecuencias, van calando en la sociedad, convirtiendo de nuevo a la eutanasia en un problema social.

II. OBJETIVOS

Con el presente trabajo pretendo dar una breve descripción de los aspectos sociales relacionados con la eutanasia, comenzando con su definición, mostrando las posiciones de los actores involucrados en su defensa o rechazo así como las corrientes sociales y éticas que van detrás de cada una de esas posiciones, finalmente intentar describir las consecuencias sociales esperadas en caso de aceptarse la eutanasia.

En documento tan sintetizado como este no es posible profundizar en el tema que nos atañe, sin embargo esperamos que el mismo sirva para formar una idea preliminar  sobre esta problemática ética y social como es la aceptación de la eutanasia


III.  QUE ES LA EUTANASIA

La palabra eutanasia procede del griego, su significado etimológico es el de “buena muerte” (del griego eu, bien y thanatos, muerte) o “muerte en paz o sin dolores”. Actualmente la Real Academia Española define eutanasia como “Acortamiento voluntario de la vida de quien sufre una enfermedad incurable, para poner fin a sus sufrimientos”. Como se puede ver al leer ambas definiciones, el sentido que se daba en la antigüedad al termino eutanasia no es el que hoy generalmente se le da.

Dentro de la definición cabe una clasificación en función de como se lleva a cabo ese acto voluntario y las clasificaciones son las siguientes:


Eutanasia Activa

El primer tipo es la Eutanasia activa o llamada también directa, este tipo de eutanasia es aquella en la cual se actúa deliberadamente quitando la vida de la persona. Dentro de ella se encuentran la eutanasia voluntaria y no voluntaria.

La Eutanasia activa voluntaria es aquella que se realiza por solicitud de la persona, es decir, un enfermo con lucidez mental que solicita que se le mate para librase de sus sufrimientos físicos o morales por que los considera insoportables.

La eutanasia activa no voluntaria es aquella que se realiza a un enfermo que por cualquier razón no pueden dar su consentimiento.
 

Eutanasia Pasiva

El segundo tipo, es lo que la jerga medica a dado por llamar eutanasia pasiva que es inducir deliberadamente a la muerte, mediante la supresión del tratamiento necesario para mantener la vida. Como, por ejemplo, mediante la supresión de la alimentación o por métodos mas sofisticados como la eliminación del respirador.

La significación que se le da al termino “eutanasia” es de vital importancia ya que dependiendo según el significado que se le de, su practica puede parecer ante las gentes como un crimen inhumano o como una acto de misericordia solidaria.
 

IV. REFERENCIA HISTORICA

La tendencia actual a admitir la eutanasia no es una novedad en la historia humana ya que desde tiempos antiguos distintas culturas de pueblos primitivos han tenido manifestaciones sobre el tema.

Los pueblos primitivos practicaban diversos medios para ayudar a morir, por ejemplo, existen tribus araucanas que colocan al ser humano en la parrilla, prenden debajo fuego y lo ahuman durante siete o diez días, otro ejemplo es el remate de los heridos a muerte común en la guerra a lo largo de la historia.

En la cultura griega, centrada en lo bello y sano, Platón afirma que “quien no es capaz de vivir desempeñando las funciones que le son propias, no debe recibir cuidados, por ser una persona inútil tanto para si mismo como para la sociedad”

Así también, en la antigüedad han existido corrientes etico-filosóficas que defendían la eutanasia, una de esas corrientes es la de los estoicos que al igual que consideran el suicidio como una alternativa heroica y consecuente contra una existencia excesivamente gravosa y sin sentido, así también, defienden que cuando una persona esta agobiada por dolores demasiado fuertes en caso de mutilaciones o de enfermedades incurables y el dolor impide todo aquello por lo que se vive se le debe matar.

Con la llegada del cristianismo, la visión sobre la eutanasia cambia ya que se adopta una actitud contraria hacía ella. La Biblia no conoce la práctica o el concepto de eutanasia, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento muestran un gran respeto hacia el anciano, una actitud solidaria con el que sufre, la ética cristiana no se centra en lo “bello y en lo sano” sino que considera al enfermo como una persona cuya atención debe ser privilegiada para el que sigue a Jesus, ya que Jesús toma como hecho así lo que se haga con los enfermos. Uno de los primeros escritores cristianos, Lactancio, dirá respecto a lo que hoy llamamos “enfermos terminales”: “Son inútiles para los hombres, pero son útiles para Dios, que les conserva la vida, que les da el espíritu y les concede la salud”.

A partir de la Ilustración, el personal medico comienza a estar presente en el tema de la eutanasia, con el descubrimiento de los analgésicos y de la anestesia, la lucha contra el dolor comienza a ocupar un papel primordial en la acción del medico.

Sin embargo, la idea de eutanasia como la conocemos hoy, surgió primeramente de la obra “El derecho a morir”, escrita por Jorst en 1895 y en 1920 el abogado Karl Binding y el psiquiatra Alfred Hoche publicaron “La licitud de destruir la vida que no merece vivir”. Después de la polémica desatada por este libro se autorizo la eutanasia en Alemania en la década de los 20.

La ley de aprobación de la eutanasia en Alemania fue aprobada como una medida para los enfermos inútiles sin connotaciones racistas. En sus comienzos se alegaban motivos de compasión, de calidad de vida y contención de gastos, es decir, las mismas razones que se alegan actualmente. Primero se aplico en minusválidos, retrasados mentales y locos ya que consideraban que los gastos ocasionados por ellos eran excesivos.  Mas tarde, a finales de los treinta, se amplio su aplicación a todos los que tuvieran taras menores, ancianos y veteranos de guerra y no por que lo solicitaran, sino por iniciativa del medico, ya que se trataba de “Matar por compasión”.

En 1930, Adolf Hitler legalizó la ampliación de la ley, lo cual condujo a los abusos de experimentación con humanos y genocidios, En 1939, Hitler introdujo la obligación de comunicar el nacimiento de niños deficientes, tres médicos decidían sobre la gravedad de su enfermedad, su voto unánime significaba una condena de muerte para el recién nacido, se les hacia morir privándoles de alimentación o mediante inyecciones letales, ese mismo año se dio potestad para matar secretamente incluso a adultos deficientes psíquicos. Se calcula que esta forma de eutanasia fue aplicada a unas 70.000 personas La practica de la eutanasia en la época nazi fue el acto final de un proceso que se había iniciado con la promulgación de la ley.

Al final de la segunda guerra mundial con el recuerdo de la brutal aplicación de la eutanasia nazi, el debate sobre las “vidas sin valor” prácticamente se elimino, sobre la palabra eutanasia pesaba y probablemente sigue aún pesando, el trágico recuerdo de la época hitleriana.

Con el paso de los años la discusión sobre la eutanasia se ha vuelto a abrir con nueva fuerza, debido entre otras cosas, a la modificación del “tiempo de morir”, ya que debido a los adelantos médicos el tiempo de agonía es más largo que antes y a que la muerte hospitalaria se ha vuelto en muchos casos en deshumanizante.


V. CAUSAS SOCIOLOGICAS DE LA REAPARICION DE LA EUTANASIA

La sociedad industrializada actual esta muy preocupada del progreso tecnológico productivo y en ella la muerte no tiene cabida, puesto que no afecta esencialmente a los sistemas productivos, además cada vez la estructura social hace hincapié en lo joven, en la salud, en el bienestar; por otra parte  los patrones que rigen la sociedad actual son la  acumulación de bienes, el progreso, la riqueza técnica y la exaltación del individuo; el hombre es visto como un consumidor especialmente en su juventud y es rechazado en su etapa senecta. Estamos viviendo una sociedad de la eficacia productiva y del perfeccionamiento y optimización de los productos, una sociedad de los fuertes  que genera una marginación permanente de los débiles.

Vivimos en una sociedad individualista que tiene una mala comprensión de la libertad, la libertad es entendida  como una mera capacidad de decidir cualquier cosa con tal de que el individuo la juzgue necesaria o conveniente, afirmaciones como “Mi vida es mía: nadie puede decirme lo que tengo que hacer con ella” denota un profundo egocentrismo. La existencia humana es concebida como una mera ocasión para “disfrutar” se profetiza la vida indolora que exhorta a no aguantar nada en absoluto y la rebelión contra el menor contra tiempo, según este modo de pensar y de vivir, la muerte no debe crear problemas a la supervivientes. El sufrimiento, el aguante y el sacrificio no se pueden aceptar y una vida de “calidad” sería hoy una vida sin sufrimiento alguno y el que habla del valor del sufrimiento y sacrificio es tachado de antiguo, desde esta concepción de la vida y de su sentido se escucha decir “yo decido cuando mi vida no merece la pena” o “ a nadie se le puede obligar a vivir una vida sin calidad”.

Dentro de esta esquema de sociedad se da ocultamiento del hecho de la muerte, antes generalmente la muerte era vivida como acontecimiento publico, la muerte aun siendo natural se convertía en el ultimo acto social, la “buena muerte” consistía en que el paciente preparaba todos sus asuntos tanto personales como religiosos, en ningún momento implicaba soledad ya que se moría rodeado de los familiares a los cuales el agonizante daba sus ultimas recomendaciones. Hoy por el contrario, la gran mayoría de los hombres muere en hospitales en el anonimato, aislamiento y soledad  con tubos por todos los orificios, agujas en las venas en espera de emitir el ultimo aliento, eso hace que el sufrimiento que precede a la muerte sea mas temido, con ello podríamos decir que en la actualidad preocupa mas los sufrimientos y la indefensión que suele generar la enfermedad larga e incurable que la muerte, mientras que antes la muerte infundia más temor por lo que tenia de paso a lo desconocido, que los sufrimientos. Con lo anterior la perspectiva de la muerte crea una inmensa angustia, lo cual dificulta extraordinariamente la relación con el enfermo grave, no se sabe como acercarse a el, acompañarle en sus temores y esperanzas ni proporcionarle el apoyo y calor humano que tanto necesita.

Otra característica de la sociedad actual es secularización cada vez más radical que deja de lado los valores religiosos despreciando su colaboración ante la muerte y el sufrimiento y con ello la perdida de la conciencia de que la vida pertenece a Dios y no al hombre.

Con el adelanto creciente de la ciencia en general y de la medicina en particular el riesgo de encarnizamiento terapéutico esta haciendo que la muerte haya perdido la naturalidad y espontaneidad que tenia en un pasado aún no remoto. Actualmente la muertes  es vista por los médicos como una impotencia de la biomedicina y por consiguiente ellos dejan de luchar por la vida del moribundo y la muerte social viene antes que la muerte biológica.

En esta sociedad individualista la familia tradicional y unitaria es cada vez menos común y los lazos afectivos familiares son paulatinamente más débiles, ello incide en la situación de las personas de la tercera edad que en un numero creciente viven solas física y afectivamente con lo cual la muerte social precede a la muerte física.

Una sociedad con una cultura de la competencia y la eficiencia, del bienestar y del máximo beneficio con el mínimo costo; una sociedad de la eficacia productiva, una sociedad individualista y secularizada, es una sociedad de los fuertes que genera una marginación permanente ante los débiles.


VI. POSTURAS ETICAS ANTE LA EUTANASIA.

Respecto a la eutanasia podríamos clasificar las posturas en tres grupos, dos de ellas son extremistas. Por un lado encontramos el llamado biologismo o vitalismo y por el otro el elitismo, la tercera postura que podríamos decir de equilibro es el humanismo.

El Biologismo

El Biologismo es una postura enraizada en una idolatría de la vida, ve la muerte como un mal absoluto y sin mitigaciones y a la vida como un bien absoluto, un medico que participa de esta postura hará el máximo esfuerzo posible para preservar y prolongar la vida biológica del enfermo pudiendo llegar al encarnizamiento terapéutico prolongando la lucha por la vida del paciente hasta situaciones irracionales

Otro aspecto por el cual se puede caer en el encarnizamiento terapéutico es la postura que, para dejar de aplicar tratamientos extraordinarios para mantener biológicamente vivo al paciente requiere imprescindiblemente de la decisión firme, racional e informada del paciente, esta decisión no se podría dar en pacientes tratado con narcóticos, con grandes dolores y afectado por las consecuencias tóxicas de la enfermedad, esta ultima postura no esta enraizada en la idolatría de la vida física sino en un sumo respecto hacia la voluntad del paciente, lo que en la practica puede llevar a que no haya un paciente terminal capaz de decidir sobre su tratamiento en las condiciones de absoluta autonomía exigida.

El Elitismo

En el extremo contrario estaría la postura elitista caracterizada por la distinción entre “personalidad” y “humanidad biológica”, que lleva a sus representantes a diferenciar entre persona humana real y ser solo biológicamente humano, esta postura indica que debemos juzgar la calidad de cada vida y preservar solo las que son suficientemente valiosas, es decir, las que son suficientemente “personas”.

Las consecuencias de todo ello es distinguir a pacientes biológicamente humanos vivos, que son personas, de los que no tiene ese carácter personal, así por ejemplo, se les prohibe reproducirse a los que son genéticamente inferiores según sus criterios de desempeño,

Los defensores de la postura elitista defienden la eutanasia activa en niños deficientes, coinciden en afirmar que puede quitarse la vida a seres humanos cuya existencia es frustrante o constituyen una carga, ya que se les niega el carácter personal y no se le reconoce la existencia a unos derechos o un estatus moral.

El Humanismo

La otra postura ética es el humanismo, que entiende que la vida es un valor importante, y que constituye intrínsecamente un bien inestimable, que su valor no depende de su perfección o productividad ni de consideraciones sociales o extrínsecas, toda vida de un paciente es un bien aunque sea una vida limitada y sin utilidad, pero que la vida no es un bien absoluto ya que existen valores que pueden equipararse o incluso superar aquella y por consiguiente no debe prolongarse en cualquier circunstancia y a cualquier precio.
 

VII. VISION DE LOS MOVIMIENTOS PRO-EUTANASIA

Si bien la historia de la eutanasia es tan antigua como nuestra historia, ha recibido un gran impulso en los últimos cincuenta años con la creación de asociaciones que se califican así mismas como propugnadoras de  esta practica.

En 1935 se crea en Gran Bretaña la primera asociación que defiende el derecho a morir: su nombre “The Voluntary Euthanasia Society” en la que se han inspirado las distintas asociaciones que han ido surgiendo posteriormente, en 1938 se crea en Estados Unidos la “Euthanasia Society Of America”, que es la primera en solicitar que la Declaración Universal de los Derechos Humanos incluya también el “derecho a morir” y desde allí nacen otras asociaciones afines distintas entre si pero que se reúnen en encuentros internacionales.

El pensamiento de fondo de todas estas asociaciones es un claro reflejo de la época histórica de la eutanasia justificada por una continua afirmación de que el hecho de la muerte con su frecuente acompañamiento de dolores y de deterioro físico y personal, es un asunto puramente personal en el que el propio afectado tiene la ultima palabra sobre el destino de su existencia. En general, se centran en el caso del enfermo próximo a la muerte y tienden a diferenciar la eutanasia del suicidio. Sin embargo, los argumentos que utilizan llevarían, en su lógica interna, a la admisión del suicidio.

Las asociaciones a favor de la eutanasia voluntaria optan claramente por el concepto de calidad de vida. Un continuo denominador común es que la vida no debe valorarse por su dimensión biológica, sino por el conjunto de valores interrelacionales y personales que la acompañan. En este contexto se subraya el total sin sentido del dolor y el deterioro físico y personal que acompañan a no pocos pacientes terminales.

Ponen mayor énfasis en la eutanasia con libre voluntad del enfermo, sin embargo no niegan la conveniencia de que en ciertos casos se realice inclusive sin previa solicitud o consentimiento del paciente próximo a la muerte, así mismo, la formulación de la defensa de la eutanasia activa no suele aparecer expresada de una forma contundente, sino de forma predominantemente implícita y sobreentendida.

Por consiguiente, la síntesis de los puntos fundamentales que reflejan los contenidos de la ética que propugnan todos los movimientos pro-eutanasia son los siguientes:


  1. El sin sentido del dolor, incluso la inmoralidad de la imposición y la aceptación del dolor insoportable.
  2. La autonomía del individuo sobre su propia vida y su propia muerte y por consiguiente el derecho a que la persona disponga con libertad de su cuerpo y de su vida y a elegir libre y legalmente el momento y los medios para finalizarla.
  3. La afirmación inequívoca del derecho a morir con dignidad.
  4. Exige los cambios legales relacionados con la eutanasia y potencia la difusión de los testamentos de vida, que son documentos que firma la persona autorizando que lo maten si esta con una enfermedad terminal y en condiciones especificas.
  5. Afirman que todo ser humano es el único dueño de su vida y, por otra parte, que el valor de la vida humana reside en su calidad y que la calidad solo la puede juzgar el mismo individuo.
  6. Es ético ayudar a morir a una persona cuya decisión se basa en una reflexión detenida sobre una información completa y correctamente interpretada de su situación ya que la decisión que tomaría seria la única salida aceptable para un sujeto cuyas demás alternativas se presentan como peores que la muerte.
  7. Algunas organizaciones plantean que la eutanasia debería llegar a convertirse en una practica medica mas, como la cirugía y la obstetricia sin otras limitaciones que la voluntad del enfermo y ciertas normas sobre su aplicación.

Las organizaciones a favor de la eutanasia voluntaria exigen no solo un cambio en los planteamientos éticos en relación con esta practica sino que además cambios legales que plasmen la existencia en el ser humano no sólo de un derecho a la vida, sino igualmente de un derecho a la muerte, así propugnan el uso de testamentos vitales, en los que el individuo cuando se encuentra lucido, puede formular sus propios sentimientos y opciones en relación a la eutanasia.


VIII.        VISION CATOLICA DE LA EUTANASIA

La vivencia religiosa del cristianismo concibe la vida como un don y una bendición que ha recibido de Dios y de la que no puede disponer. Esta vivencia se plasmará en la afirmación de que Dios es el único dueño de la vida humana y el hombre es su mero administrador. La teología católica medieval defenderá la inviolabilidad de la vida humana basándose en tres argumentos: es apropiación de un derecho que corresponde a Dios, es falta de amor a uno mismo y es una indebida dejación de las responsabilidades sociales.

En tal sentido, Juan Pablo II dice: “la tarea que se impone a la comunidad cristiana en semejante contexto socio-cultural es más que una mera condena de la eutanasia o el puro intento de impedir su eventual difusión y posterior legislación. El problema de fondo es, ante todo este: ¿cómo ayudar a los hombres de nuestro tiempo a tomar conciencia del carácter inhumano de algunos aspectos de la cultura dominante y a redescubrir los valores más preciosos avalados por ella?”.

La doctrina de la Iglesia sostiene que la eutanasia aunque se quisiera llevar a cabo por motivos de piedad ante los sufrientes es siempre un atentado al valor y respeto a la vida, aunque se hiciera con buena intención. Pio XII reconocía que el sentimiento de piedad que podría generar la solicitud de eutanasia en algunos casos,  era propio de un corazón bueno, sensible y generoso, no dudaba, sin embrago, en calificar la tesis de eutanasia por motivos de piedad como monstruosa, el decía: “No basta que el corazón sea bueno, sensible y generoso, debe ser también sabio y fuerte…semejante sensibilidad ciega el espíritu y le hace sostener en teoría tesis monstruosas y defender practicas inmorales y nefastas. ¿No es una de ellas esta falsa piedad que pretende justificar la eutanasia y sustraer al hombre el sufrimiento purificador y meritorio, no por un motivo caritativo encomiable sino por la muerte, como se le da a un animal sin razón ni inmortalidad?.

Respecto a lo que a la eutanasia voluntaria se refiere, la Iglesia indica que cuando un enfermo manifiesta el deseo y voluntad de que lo maten, no es morir lo que primariamente busca sino acabar con una serie de condicionantes como el dolor, la soledad, incapacidad propia, ser molestia y estorbo para los demás, miedos interiores, debilidad, depresiones normales y muchas mas cosas, que le hacen la vida demasiado dura e imposible y por consiguiente la suplicas de los enfermos muy graves que alguna vez invocan la muerte no deben ser entendidas como expresión de una verdadera eutanasia.

La Iglesia expresa la petición de muerte por parte de una enfermo grave manifiesta fundamentalmente una demanda implícita para otro tipo de ayuda que esta necesitando, casi siempre son peticiones angustiadas de asistencia y de afecto, es decir que está clamando además de los cuidados médicos, el amor, el calor humano y sobrenatural, con el que pueden y deben rodearlo todos aquellos que están cercanos, padres, hijos, médicos y enfermeros. ¿No seria mas humano aliviar estos síntomas que acceder de inmediato a lo que en otras condiciones el mismo rechazaría?.

Por lo anterior, la respuesta mejor a un enfermo que pide la muerte no consiste en darle gusto, sino en ofrecerle esos medios sanitarios, psicológicos y afectivos que le hagan llevadera y soportable la vida a pesar de las condiciones degradadas en que se encuentre, tampoco hay que olvidar la presión inconsciente, a la que podría verse sometido el enfermo, que reconoce las molestias y el malestar que causa a su alrededor, pero que no quiere abandonar su lucha.

En el documento “Declaración sobre la eutanasia, Ecclesia” la Iglesia dice “Nada ni nadie puede autorizar la muerte de un ser humano inocente, sea feto, embrión, niño o adulto, anciano, enfermo incurable o agonizante. Nadie, además puede pedir este gesto homicida para sí mismo o para otros confiados a su responsabilidad, ni lo puede consentir explícita o implícitamente. Ninguna autoridad puede legítimamente imponerlo ni permitirlo. Se trata, en efecto de una violación a la ley divina, de una ofensa a la dignidad de la persona humana, de un crimen contra la vida, de un atentado contra la humanidad. Podría también verificarse que el dolor prolongado e insoportable, razones de tipo afectivo u otros motivos diversos, induzcan a alguien a pensar que puede legítimamente pedir la muerte o procurarla a otros. Aunque en casos de ese genero la responsabilidad personal pueda estar disminuida o incluso no existir, sin embargo el error de juicio de la conciencia, aunque fuera incluso de buena fe, no modifica la naturaleza del acto homicida, que en si sigue siendo siempre inadmisible”.

Como ya hemos visto, la Iglesia condena la eutanasia y subraya el valor del dolor y el sufrimiento cuando por medios legítimos son inevitables, sin embargo condena también el encarnizamiento terapéutico indicando “es muy importante hoy día proteger, en el momento de la muerte, la dignidad de la persona humana y la concepción cristiana de la vida contra un tecnicismo que corre el riesgo de hacerse abusivo”. Acepta el “derecho a morir”, entendiéndolo como “el derecho a morir con toda serenidad, con dignidad humana y cristiana”, indicando que es licito interrumpir la aplicación de los medios “desproporcionados” para mantener al paciente con vida insistiendo que ese derecho a morir no designa el derecho a procurarse o hacerse procurar la muerte como se quiere en la eutanasia.

Para Jesús la vida biológica y temporal del hombre, aún siendo un valor fundamental, no es el valor absoluto y supremo, ya que El mismo dijo “el que pierde su vida, la gana” y “nadie tiene más amor que quien da la vida por sus amigos”. Para el creyente en Jesús, su forma de asumir la muerte es un modelo para el cristiano puesto que “en la vida y en la muerte somos del Señor”. Para la ética de Jesús, la vida es un valor fundamental pero no absoluto; lo único absoluto es la causa del Reino de Dios.
 

IX.  CONSECUENCIAS SOCIALES DE LA ACEPTACION DE LA EUTANASIA

En épocas recientes la eutanasia no ha sido legal en ningún país, salvo la experiencia nazi, pero se puede prever lo que pasaría si contrastamos los datos que nos aportan la legalización del aborto en este siglo y el conocido como “caso holandés”, experiencia social de admisión practica de la eutanasia que recientemente ha recibido una cierta cobertura legal.

La experiencia del aborto acredita que las leyes permisivas se aprueban presuntamente para dar solución a determinados casos extremos, especialmente dramáticos para la sensibilidad común, pero acaban creando una mentalidad que trivializa el aborto provocado hasta convertirlo en un hecho socialmente aceptable que se realiza por motivos cada vez mas insignificantes. Con la eutanasia no tiene por que ocurrir algo distinto: la legislación permisiva se nos presentaría como una solución para “casos limites” de vida vegetativa, encarnizamiento terapéutico y otros extremos pero acabaría siendo una opción normal ante casos de enfermedad o declive biológico mas o menos irreversible.

El proceso descrito responde a la más elemental psicología humana cuando algo prohibido se permite y empieza a practicarse, se va considerando cada vez más como normal, máxime si resulta un buen negocio para algunos, ayuda a eliminar situaciones engorrosas a otros y además es defendido por algunas corrientes ideológicas.

En Holanda se esta viviendo desde hace años una triste experiencia de admisibilidad práctica de la eutanasia, ya que al año se realiza la eutanasia activa voluntaria a unos 5000 pacientes y se ha llegado a mencionar un total de casos de eutanasia de 20000 al año, el 81 % de los médicos de cabecera holandeses a realizado eutanasia. Un gran numero de personas en holanda lleva consigo un testamento en el que pide que se le realice la eutanasia y recientemente estos testamentos se han reemplazado por “tarjetas de crédito para una muerte fácil”, el numero de personas que porta este carnet se calcula en mas de 40000. Así mismo, muchas personas aceptan que se debe negar el tratamiento a personas con minusvalia seria, a personas mayores e incluso a individuos sin familia e incluso abogan por la eutanasia activa involuntaria. Los médicos holandeses al año dejan morir al menos a 300 bebes minusvalidos recién nacidos, deniegan operaciones de enfermedades congénitas de corazón a niños con síndrome de Down, negándose a anesteciarlos y se niegan a implantar marcapasos a pacientes mayores a 75 años o a tratar de edema pulmonar a pacientes ancianos que carezcan de familiares cercanos.

Por la experiencia en holanda y en la legalización del aborto en algunos países se puede visualizar que con la legalización o aceptación practica de la eutanasia, se abrirán las puertas a practicas siniestras pues la compasión podría ser utilizada para justificar la eliminación de los débiles, los deficientes y los terminales. Se harían “comprensibles” presuntos intereses públicos en la eliminación de los que representan una carga para la sociedad sin aportar utilidad material alguna como los indigentes; hasta llegar a crear la presión psicológica suficiente para que se sientan casi obligados a pedir su eliminación quienes, por su edad o estado, se sientan carga “insoportable” para los demás.

También tendrían efectos muy impactantes para el paciente terminal ya que nacería el miedo a que los que le rodean puedan diagnosticar que es acreedor a la eutanasia, miedo a los profesionales de la sanidad, miedo a los familiares y miedo a las instituciones asistenciales.

En efecto, una sociedad en la que la eutanasia es delito transmite el mensaje de que toda vida tiene valor, que el enfermo terminal puede tener la tranquilidad de que los médicos y sus familiares se empeñaran en apoyar su vida y su muerte dignas, y en las mejores condiciones. Por el contrario, una sociedad en que la eutanasia no se persigue ni se castiga por los poderes públicos, está diciendo a sus miembros que no importa gran cosa que sean eliminados si ya no se les ve futuro o utilidad. En una sociedad con la eutanasia legalizada, el anciano o el enfermo grave tendrían un muy justificado miedo a que el profesional de la sanidad o cualquier persona de la que dependieran por una u otra razón, no fueran una ayuda para su vida, sino unos ejecutores de su muerte.

Así también la célula fundamental de la sociedad que es la familia, se vería afectada ya que todos los ordenamientos jurídicos reconocen el derecho de los familiares mas cercanos a decidir por el enfermo o incapaz no posibilitado de expresar por si mismo su voluntad, la posibilidad teórica de que los familiares decidan que procede la eutanasia introduce en las relaciones familiares un sentimiento de inseguridad, confrontación y miedo, ya que se abriría la puerta para que motivos egoístas como herencia, supresión de cargas e incomodidades, ahorros en gastos, etc., se acepte o solicite la eutanasia para el familiar enfermo. Pudiera suceder también que la tensión psicológica y afectiva que se crea en una familia donde se toma la decisión de la eutanasia  sea fuente de problemas e inestabilidades emocionales.
 

X. UN POSIBLE CAMINO

Ante la realidad de la reaparicón del tema de eutanasia, nuestra cultura tiene ante sí el reto de asumir el hecho de la muerte y no “tabuizarlo”, es decir, es necesario reintroducir la muerte en nuestros esquemas mentales, sin negarla ni reprimirla ya que su represión origina en el ser  humano sentimientos de angustia y bloquea nuestra relación con las personas que están próximas al fin de su existencia. La sociedad actual  debe encarar con naturalidad el hecho de la muerte con su sentido verdadero y con la conciencia de nuestra mortalidad y la necesidad de llenar el trance de la muerte de humanidad y compasión.

Cabe mencionar también que la argumentación utilizada por los movimientos pro-eutanasia no son aceptables debido a que el sacrificio de seres humanos enfermos, ancianos o impedidos, para que no resulten gravosos a los familiares, o para mejorar las condiciones económicas de la colectividad, es una manifestación de totalitarismo, es decir, de prevalencia de la colectividad sobre los individuos hasta el extremo de despreciar el derecho de estos incluso a vivir si son un estorbo para aquella. En este tema aparece la perversión profunda de los valores humanos y sociales, y queda enmascarada bajo una presunta solidaridad, que consiste en la eliminación física de los conciudadanos gravosos, molestos e inútiles. No estamos pues, aquí, solo ante una tergiversación del sentido de la  frase “muerte digna”, sino ante su completa vuelta al revés.

Es cierto también que el ser humano huye por instinto del dolor y cuanto cause sufrimiento y esta actitud es adecuada a la constitución natural del hombre y por tanto reacciona con aversión a todo lo que significa sufrimiento, estas ideas son especialmente patentes en el caso de la agonía, de los dolores, que eventualmente pueden preceder a la muerte. Ello puede hacer que el paciente o sus familiares caigan en la desesperación.

En una entrevista efectuada por Elisabeth Kuber-Ross (una doctora Rusa) a enfermos próximos a la muerte se percibió que la mayoría del personal sanitario no sabe ayudar al enfermo terminal ni es capaz de relacionarse abiertamente con el, los mismo capellanes religiosos en general tampoco se relacionan con el enfermo, acuden al ser llamados, pero con mucha frecuencia no tiene relación con el. La propia familia no sabe si es capaz de prestar la ayuda necesaria al enfermo y comúnmente suelen ocultarse su proximidad a la muerte, ello lleva a la creación de una cortina de mentiras que no hace sino intensificar la incomunicación con el enfermo, a ello se suma la frialdad con la que los pacientes son tratados en la mayoría de los hospitales.

Independiente de lo que cada uno opine o diga sobre la eutanasia, al final lo mas importante es buscar cuales son los mejores medios para atender a estos enfermos ya que si los enfermos son bien atendidos tanto médicamente, afectivamente y religiosamente nunca pedirían la eutanasia.

Por consiguiente, lo que se debe hacer es humanizar el proceso de muerte y dentro de las alternativas para ello se encuentran los llamados “hospicios”  que son instituciones que además de combatir el dolor de los enfermos terminales, se pone gran énfasis en la ayuda personal (espiritual, afectiva, psicológica) que se puede prestar con el fin de que el enfermo acepte su destino tenga una muerte digna y en paz sin tener que llegar a la eutanasia.

La discusión social sobre la eutanasia va a ser previsiblemente muy intensa en los próximos años, en el tiempo presente las personas y los grupos que apoyan esta practica son y su legislación constituyen una minoría pequeña en relación al conjunto de la sociedad. Pero esto no quiere decir que en un futuro no pueda aumentar esa proporción, por que es perceptible que están en marcha campañas de influencia sobre la opinión publica las que generalmente muestran la eutanasia solapada y desde la imagen de misericordia ocultando el lado del homicidio o suicidio que en la realidad es.


XI. CONCLUSION

Para la persona que no cree en la existencia de la vida después de la muerte ni de un Dios de quien ha recibido la vida y que es el quien en ultimo lugar la puede valorar, la muerte y el sufrimiento físico o psíquico que la acompañan se convierte en un sin sentido, desde una comprensión materialista de la vida y desde la afirmación de la libertad como supremo valor humano, no es fácil negar al hombre la capacidad de decidir morir.

Las instituciones pro-eutanasia ponen como bandera de batalla la compasión hacia los enfermos y el derecho del enfermo a decidir, así como la muerte digna, sin embargo el asesinato o el homicidio no es la solución. La muerte digna para el enfermo solo será posible si además de los medios técnicos para aliviar legítimamente el dolor físico se crea un ambiente humano con la cercanía de los seres queridos, con la ayuda espiritual y afectiva que necesita el enfermo, la verdadera piedad y compasión no es la que quita la vida sino la que la cuida hasta su final natural.

Solo si se refuerza el respeto a cada persona y a la humanidad, solo si vivimos la solidaridad hasta las últimas consecuencias con los débiles y los postergados de la tierra podremos evitar que el modo de vida de los fuertes se convierta en ruina y condena a muerte por eutanasia social utilitarista para los débiles.

En el prefacio de un libro dedicado a los hospitales se narraba la muerte de un paciente, al que la enfermera de turno había encontrado muerto en la Unidad de Cuidados Intensivos, después de que el mismo se había desconectados los tubos, el había dejado una nota: “Doctor, el enemigo no es la muerte, el enemigo es la inhumanidad”


XII. BIBLIOGRAFIA

  • Diccionario de la lengua española, 11va. Edición, Editorial España Calpe, 1992.
  • Diccionario enciclopédico de teología moral. 3ra. Edición. Ediciones Paulinas.
  • La Eutanasia,  100 cuestiones y respuestas. 2da Edición. Ediciones Palabra S.A.
  • La Eutanasia, El derecho a una muerte humana. Javier Gafo. Ediciones Temas de hoy.
  • Eutanasia. Brian Pollard. Ediciones Rialp. S.A.