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Procacidad carnavalera en Bolivia

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Autor: Miguel Manzanera, SJ

Dentro de las celebraciones del Carnaval, el 17 de febrero se tuvo en La Paz (Bolivia) un acto festivo en la Plaza Murillo. En el centro del escenario se encontraban unos músicos que cantaron coplas carnavalescas dentro de un clima de diversión con mucha gente que coreaba y aplaudía a los coplistas durante más de media hora. Junto a ellos estaba el Presidente Evo Morales con un numeroso grupo de acompañantes, incluyendo miembros del gobierno o de entidades afines al partido gobernante. Las coplas suelen ser un desahogo popular con cierta dosis de osadía y también de picardía en muchos casos con tinte procaz. La costumbre de cantar coplas en quechua y en español está extendida en el Valle de Cochabamba y también en el Chapare tropical.

Tanto el Presidente como otros ministros, ministras y personajes políticos fueron aludidos en las letras de las coplas. He aquí algunas: “Nuestro Presidente bien mujeriego es, cambia de chica en un dos por tres”. “Bartolinas Sisas tienen mucha fama, por eso las llevo directo a mi cama”. “Este Presidente, de buen corazón, a todas las ministras les quita el calzón”. “Rebeca Delgado (Presidenta de la Cámara de Diputados) baila reggaetón, tanto traqueteo perdió su calzón”. No faltaron alusiones de promiscuidad y homosexualidad al Vicepresidente, al ministro Quintana y a algún político de oposición.

Esas breves citas muestran cómo las coplas fueron procaces, es decir atrevidas y desvergonzadas. Presentaban a la mujer como una hembra llamada a satisfacer los deseos sexuales del macho. Con razón se han alzado voces de personas y asociaciones que han visto en estas coplas un ataque a la dignidad femenina con consecuencias trágicas para su ubicación como persona en la familia y en la sociedad. De nada sirve que el Gobierno alardee de equidad de género en el gabinete ministerial y en algunos cargos públicos, si públicamente aplaude bromas que rebajan a la mujer a la categoría de objeto sexual. Es inútil que se promulgue una ley contra la discriminación si públicamente se corean y se aplauden coplas machistas.

No han faltado algunos comentarios, entre ellos el de la Ministra de Comunicación, Amanda Dávila, que han tratado de justificar al Presidente, afirmando que el hecho fue "descontextualizado y exagerado" por los medios de comunicación y que, además, el presidente Morales "no tarareó, ni cantó". No parece válida esta justificación. El Presidente coreaba y aplaudía esos cantos sin hacer nada para cortarlos. Tampoco se trata de bromas inocentes. Un psicoanalista detectaría  aquí deseos insatisfechos y manifestados verbalmente a la espera de que en algún momento puedan satisfacerse. En lenguaje freudiano se trataría de una represión no sublimada, que, en caso de no controlarse, puede convertirse en neurosis o incluso en una esquizofrenia peligrosa. Desde la antropología cultural se descubre una  contaminación de erotismo que ha invadido las culturas populares, tal como se ve ya en los periódicos y en los medios donde se presenta a la mujer tentadora y provocativa.

Hay un agravante importante en este suceso. No se puede olvidar que Evo Morales por su investidura representa a todo el pueblo boliviano. En varios medios dentro y fuera de Bolivia se ha visto el video de las coplas con el consiguiente desprestigio de nuestro país. La conducta del Presidente, especialmente en actos públicos, debe ser ejemplar especialmente para la niñez y la juventud. Es contradictorio que se promocione el deporte o se prohíba el consumo de las bebidas alcohólica de jóvenes, si al mismo tiempo se propicia, aunque sea a modo de broma, un libertinaje sexual destructor de la dignidad de la mujer, de la fidelidad matrimonial y la misma familia.

Ojalá este mal ejemplo no contribuya al aumento de acosos y abusos sexuales, de promiscuidad, de pornografía, de prostitución, de violaciones, de violencia de género, de embarazos irresponsables y en consecuencia de abortos. Desde la perspectiva cristiana la concupiscencia está en las antípodas del evangelio donde Jesús claramente afirma “el que mira a una mujer con mal deseo, ya ha cometido adulterio en su corazón” (Mt 5, 28). Ojalá los responsables de estos actos se arrepientan y cambien su actitud frente a la mujer y puedan acogerse a la bendición del Evangelio: “Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios” (Mt  5, 8).