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Cuties: ¿Deberías cancelar tu cuenta de Netflix?

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Padre Shenan J. Boquet
Presidente
Human Life International

La semana pasada, escribí sobre cómo el lamentable éxito de la nueva y obscena “canción” WAP de Cardi-B ha invertido la verdad y los valores morales en nuestra cultura. A pesar de que la canción objetiviza a las mujeres de la peor manera y presenta letras tan obscenas y pornográficas que son capaces de hacer perder la fe, ha sido ampliamente elogiada por promover la “liberación” de las mujeres. Ahora, estamos viendo precisamente la misma inversión de la verdad moral en la controversia sobre la nueva película de Netflix, Cuties.

No hay duda de que la película hiper-sexualiza a niñas de alrededor de 11 años de edad. Sin embargo, está siendo aclamada por los críticos como un gran logro artístico (la película goza de un índice de aprobación muy alto del 90% en el sitio de calificación de películas: Rotten Tomatoes) que de alguna manera expone y se opone a la sexualización de los niños. [Nota del Editor: Irónicamente “rotten tomatoes” significa “tomates podridos”.]

La pornografía infantil NUNCA está bien (y de hecho ninguna pornografía lo está tampoco)

Inevitablemente, hay quienes afirmarán que las personas que no han visto la película no tienen ningún derecho a opinar sobre la controversia. Se puede responder a este ridículo argumento por medio de los siguientes dos puntos:

1) Literalmente, no se me ocurre ningún contexto que justifique ni siquiera los primeros 20 segundos (no podría soportar más que eso) del clip de baile de dos minutos de la película que circula ampliamente en las redes sociales. Simplemente no hay excusa, nunca, para filmar a niñas de esa manera, sin importar cuán aparentemente “buena” sea la razón para hacerlo.

De hecho, lo que todos esos críticos que alaban la película parecen haber olvidado es que las jóvenes actrices que interpretan a estos personajes mezclados son niñas reales. Realmente tuvieron que aprender a bailar como se muestra en la película; realmente tenían que memorizar y decir las líneas obscenas que se les daban; realmente tenían que mantener la cámara en sus cuerpos jóvenes y luego mostrar ese metraje para que todo el mundo lo viera.

Como alguien (ahora olvidé quién) publicó en Facebook: imagina a alguien haciendo una película sobre cómo la crueldad hacia los animales es mala, pero luego tortura y mata a varios cachorros para lograrlo. Eso es Cuties.

2) Las personas razonables (a diferencia de los críticos hastiados, insensibles y amorales) que se han sometido a ver la película con una mente abierta la han denunciado tan grotesca como sugieren los clips disponibles públicamente. (Ver, por ejemplo, la reseña en inglés de Rod Dreher aquí: https://www.theamericanconservative.com/dreher/what-cuties-really-is/).

Cuties: La punta del iceberg

No deseo extenderme más en los detalles de la película. El hecho de que haya tantos críticos dispuestos a defenderla, o que incluso exista un “debate” sobre si la película es aceptable o no, es para mí, una señal más de lo mucho que han caído nuestros estándares morales.

Sin embargo, hay dos puntos que deseo establecer en relación con la película. El primero es que Cuties es simplemente la punta del iceberg, o quizás la culminación de un largo y siniestro proceso de sexualización de los niños. Si las imágenes de Cuties son consideradas aceptables por nuestros críticos y muchos de sus espectadores, es solo porque nos hemos vuelto gradualmente insensibles a la pérdida de la inocencia de nuestros hijos.


Algunos críticos han defendido las espeluznantes secuencias de baile en Cuties señalando que las reacciones de algunas personas del público son negativas. Supuestamente, el objetivo de estas escenas es mostrar que el comportamiento sexualmente provocativo de las niñas no es tan socialmente aceptable como pensaban.

Sin embargo, si esta es incluso la intención de esas escenas, todavía no justifica su carácter explícito. Sin embargo, lo que me sorprende es el hecho desalentador de que cuando los niños se comportan así, en el mundo real, su comportamiento a menudo es recibido no con desaprobación, sino con los vítores y la adulación de los adultos (trágicamente, incluso a veces por parte de sus propios padres).

¿Recuerdan la aparición de la “drag queen” Desmond de 11 años de edad en Good Morning America? En este link pueden ver el video en inglés que les menciono:  https://www.youtube.com/watch?v=JxdvOLdG_34&ab_channel=GoodMorningAmerica

[Nota del Editor: Los “drag queens” son hombres que se visten de mujer para realizar espectáculos de “entretenimiento”. A veces, en esos espectáculos los “drag queens” realizan actos obscenos que simulan actos sexuales. El inducir a un menor de edad a ser un “drag queen” es particularmente abominable y los padres mismos, si lo saben, son moralmente responsables de esta hiper-sexualización de menores de edad.]

El joven caminó pavoneándose por el pasillo vestido de travesti y luego se tumbó sensualmente en el suelo. En lugar de horrorizarse (como debería estarlo cualquier persona decente), la audiencia mayoritariamente de mediana edad se rio y vitoreó, mientras que los presentadores del programa lo adulaban, elogiando su “valentía”. En otra ocasión realizó un acto de “drag queen” en un bar gay, mientras los clientes le entregaban dinero. Esto fue defendido enérgicamente por muchos medios de difusión y activistas progresistas.

Luego, están las extrañas Drag Queen Story Hours, en las que los niños están expuestos al sórdido mundo de los “drag queens” adultos, que se toman un descanso de su trabajo de excitar sexualmente al público adulto en bares gay para leer historias en las bibliotecas públicas que adoctrinan a los niños en la ideología LGBT... Esto también fue elogiado por casi todos los periódicos más importantes del país.

Padres, protejan a sus hijos

Las estadísticas muestran que los niños de 10 u 11 años están cada vez más inmersos en un mundo de pornografía dura (hardcore), que está disponible en los teléfonos inteligentes que sus padres les regalan sin pensarlo. Y cuando no están viendo pornografía dura, están viendo, escuchando (y, naturalmente, imitando) un “entretenimiento” que es pornográfico y violento en un grado que sus padres a menudo no logran captar.

Un amigo me contó recientemente cómo visitó la casa de un amigo y mientras estaba allí mencionó su consternación por el éxito de WAP. La hija de su amigo de 13 años de edad también estaba en la mesa e inmediatamente mencionó que ella y todos sus amigos de la escuela conocían la canción. En el pasado, las niñas de 11 a 13 años no estaban expuestas a estas nefandas indecencias; pero hoy en día, sin embargo, están siendo bombardeadas con detalles minuciosos de comportamientos sexuales grotescos.

Detrás de gran parte de esto, o al menos agravando el problema, está el crecimiento de la mal llamada “educación sexual integral”, en la que niños de cinco a seis años son introducidos gradualmente a información sexual muy explícita, incluidas prácticas sexuales que su padres y abuelos probablemente nunca habrían oído hablar. Todo esto se justifica bajo la rúbrica de “reducir” los embarazos de adolescentes y las tasas de enfermedades de transmisión sexual.

En realidad, el único resultado que logra esta mal llamada “educación sexual integral” es reducir las inhibiciones sexuales de los niños y empujarlos prematuramente al confuso mundo adulto de las relaciones sexuales promiscuas. En muchos casos, todo termina en embarazos prematuros, abortos y enfermedades de transmisión sexual para las que supuestamente se diseñaron los programas de “educación” sexual.

Es hora de desconectarse

El segundo punto que deseo tratar está relacionado con el primero: los cristianos que viven en esta cultura deben reevaluar seriamente su relación con la cultura del entretenimiento popular.

Los padres, en especial, deben analizar con detenimiento lo que sus hijos ven y escuchan. Si su hijo tiene un teléfono inteligente, una tableta o una computadora sin filtro para contenido adulto, o un televisor en su habitación, entonces está coqueteando con el desastre moral, espiritual, psicológico y físico. No se trata de si su hijo descubrirá material obsceno mucho más allá de sus peores imaginaciones, sino cuándo lo descubrirá. ¡No lo permita!


Considere esta cita de la apertura de la Carta a los artistas del Papa San Juan Pablo II:

Nadie puede sentir más profundamente que ustedes los artistas como ingeniosos creadores de la belleza que son, algo de los recursos con los que Dios en los albores de la creación miró la obra de sus manos. Un destello de ese sentimiento ha brillado tan a menudo en vuestros ojos cuando, como los artistas de todas las épocas, cautivados por el poder oculto de los sonidos y las palabras, los colores y las formas, han admirado la obra de su inspiración, sintiendo en ella algún eco del misterio de la creación con el que Dios, el único creador de todas las cosas, ha querido asociarlos [a ellos y a ustedes] de alguna manera.

Ahora, pregúntese, ¿casi todo lo que ve en la televisión, en Netflix, o escucha en la radio, se parece a lo que el Santo Papa está describiendo aquí? Cuando miras los programas de televisión y las películas más populares, o escuchas los últimos 40 éxitos en la radio, ¿vislumbras la belleza o estos: “recursos con los que Dios en los albores de la creación contemplaba la obra de sus manos?” 


Si bien hay algunas excepciones, en general la respuesta es un rotundo “no”. Durante las últimas décadas, el arte y el entretenimiento populares se han vuelto cada vez más obscenos, violentos, nihilistas y, a menudo, francamente pornográficos. En muchos casos no nos hemos dado cuenta, porque somos las proverbiales ranas en agua hirviendo, y porque es lo que todos los demás están mirando y escuchando.


Cambia el canal, cambia tu vida

Bueno, tal vez sea hora de que dejemos de ser parte de la multitud. La cantidad de tiempo que la persona promedio pasa viendo televisión o servicios de transmisión de video es asombrosa. La mayor parte de lo que están viendo es cualquier cosa menos algo que sea moralmente edificante.

Imagínese si tomáramos solo un tercio de ese tiempo y lo dedicamos a estar realmente presentes para nuestros hijos, cónyuges y seres queridos, o disfrutando pasatiempos significativos (jardinería, aprender a tocar un instrumento, carpintería, pintura, etc.) o en la lectura espiritual y en la oración meditativa. Esto podría cambiar tu vida.

Los cristianos estamos en el mundo, pero como Cristo nos instruyó, no debemos ser del mundo (ver Juan 17:15-16). Si estamos llenando nuestros corazones y mentes con precisamente el mismo entretenimiento obsceno que presenta el mundo, ¿estamos realmente viviendo nuestra vocación cristiana de una manera significativa?

Recuerden las palabras de San Pablo: “Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo noble, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre, si hay alguna virtud y si hay algo digno de alabanza, estas son las cosas sobre las que debemos meditar” (Filipenses 4:8).

Tomemos el lamentable éxito de WAP y Cuties como una señal de advertencia y una llamada de atención. Según algunos informes, la cantidad de personas que cancelaron sus cuentas de Netflix a raíz del lanzamiento de Cuties se multiplicó por ocho. Bueno. Tal vez sea hora de que cada uno de nosotros considere hacer lo mismo.

Desenchufar. Y luego reorientar nuestra mente e imaginación hacia cosas más elevadas, mejores y más puras.


VHI agradece a José Antonio Zunino, del Ecuador, la traducción de este artículo.

Publicado originalmente en inglés el 21 de Septiembre de 2020 en: https://www.hli.org/2020/09/cuties-should-you-cancel-your-netflix-account/?vcrmeid=W9k79LRd9EOPrwBUnPZA4g&vcrmiid=fGoxJhUvFkmq9RRzemb5pA

 

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