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Siete puntos fundamentales de Humanae vitae

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Jenna McGiure
Human Life International

Humanae vitae (“Sobre la vida humana”) es la encíclica del Papa Pablo VI, publicada en 1968, acerca de la anticoncepción y la ética de la reproducción. Fue escrita a la luz de un estudio que el Vaticano había encargado sobre temas modernos de la reproducción. Su publicación también coincidió con una súbita frecuencia del uso de anticonceptivos y una preocupación por el mito de la “sobrepoblación” en la sociedad en general. El documento del Papa Pablo VI reafirmó la doctrina de la Iglesia desde antiguo acerca de la naturaleza humana y la transmisión de la vida. La encíclica también explicó cómo esta sabiduría debía ser aplicada en el moderno contexto cultural. A continuación resumimos los puntos básicos de este mensaje de la Iglesia: 


#1 Dios es el Autor de la vida y las vidas que Él ha creado son sagradas


Dios trae a la existencia cada vida que viene a este mundo como parte de Su plan para la creación. Hemos sido creados a Su imagen y semejanza, y como Creador Supremo, Él es el que tiene dominio sobre la vida y la muerte. Interferir con la vida entre la concepción y la muerte natural es, en esencia, usurpar la autoridad suprema de Dios. Hemos sido creados para conocer, amar y servir a Dios. Nuestra capacidad reproductora refleja esta relación. Nuestra capacidad reproductora se une a la potencia creadora de Dios en el acto conyugal. Cualquier intento de impedir deliberadamente la transmisión de la vida humana por medio de la anticoncepción o de destruirla por medio del aborto o la anticoncepción abortiva se opone a la voluntad de Dios para Su creación y es condenado enérgicamente por la Iglesia.


#2 La procreación es la naturaleza y la gloria del Matrimonio



El amor conyugal es una institución sagrada diseñada por Dios para reflejar el amor que existe entre Cristo y Su Iglesia. El amor conyugal consiste en la total auto-donación mutua en un intercambio de amor sin egoísmo del cuerpo, el alma y la voluntad. Los esposos se perfeccionan mutuamente y logran un estado más profundo de realización humana al compartirlo todo y al unirse mutuamente en cuerpo y alma. Además, esta relación de amor total tiene el privilegio de ser el instrumento por medio del cual Dios se vale para transmitir nuevas vidas al mundo. El matrimonio ha sido creado por Dios para la procreación, tanto a nivel físico como espiritual. Los hijos son el don más excelente del matrimonio. Todos los matrimonios han sido llamados a estar abiertos a este don, de lo contrario estarían negando el fundamento espiritual y físico del matrimonio.



#3 La preservación de la función procreadora del acto conyugal afirma la dignidad de la mujer


Al explicar las consecuencias sociales de la anticoncepción, el Papa Pablo VI señala que cuando la capacidad sagrada de la mujer de transmitir la vida es suprimida, su rol en el encuentro sexual a menudo será el de ser un objeto de placer. Este rol es inferior a la dignidad de la mujer [1] y es contrario al significado del amor conyugal, el cual debe ser una mutua y total entrega. En esa entrega cada uno de los cónyuges es amado y apreciado por sí mismo y nunca usado como un medio para un fin. Cuando los esposos preservan el aspecto procreador de ese amor, sus implicaciones son demasiado grandes como para ser tomadas a la ligera por motivos egoístas. En este contexto, una mujer no es un objeto de placer, sino que lleva dentro de ella un milagro procreador en potencia, que debe ser honrado, respetado y amado. Pero si ocurre lo contrario, si el placer se convierte en el único fin de la sexualidad, ello va en contra del respeto mutuo que debe existir entre los esposos, afecta negativamente el amor a los hijos y, lo más importante, afecta negativamente también el amor hacia Dios Creador.


#4 Los matrimonios siempre deben estar abiertos a la transmisión de nuevas vidas. Sin embargo, se reconoce que también tienen muchas otras obligaciones.


Por ello, se espera de ellos que tomen decisiones prudentes, especialmente en relación con el gran privilegio y responsabilidad que tienen de criar a sus hijos. La Iglesia reconoce las dificultades que las familias enfrentan por parte del mundo moderno. Por ello, permite a los matrimonios que tienen graves dificultades físicas, económicas, psicológicas y sociales limitar sus relaciones conyugales a los tiempos infértiles del ciclo menstrual femenino. De manera que, sin tomar este asunto a la ligera, existen ciertos factores que a veces crean motivos legítimos en los esposos quienes, después de formarse bien la conciencia y de discernir por medio de la oración, pueden tomar la decisión de determinar que no es la voluntad de Dios que conciban un nuevo hijo en este momento. [Nota del traductor-editor: Claro está, si de todas maneras Dios les envía un hijo, los esposos deben confiar en Dios y llenarse de amor y alegría por esa nueva vida que el Creador les ha concedido. También debe estar claro que para espaciar los nacimientos de sus hijos, los  esposos solo deben usar los métodos naturales de planificación de la familia o, dicho de mejor manera: los métodos naturales de reconocimiento de la fertilidad.]


#5 Los matrimonios pueden aprovechar los períodos infértiles que Dios Mismo ha creado para temporalmente evitar una nueva concepción


En el orden natural que Dios ha establecido, hay una manera por medio de la cual los esposos pueden enriquecer su matrimonio: por medio de limitar sus actos conyugales a los períodos infértiles del ciclo reproductor, como ya hemos señalado. Las implicaciones morales de esta forma de espaciar las concepciones de sus hijos son completamente diferentes al uso de anticonceptivos. En primer lugar, le rinde honor a la sabiduría divina en la creación y funciona dentro de los límites que Dios nos ha establecido, en vez de dejar fuera a Dios al quebrantar el orden natural. La práctica de la auto-negación por medio de la abstinencia sexual periódica también ayuda a fortalecer el matrimonio al convertir un “amor” egoísta en caridad, que es el amor hasta el sacrificio. Esta práctica hace que los esposos se unan más y tengan una mayor consciencia de sus responsabilidades. Al mismo tiempo, hace que mejore la disciplina que protegerá su castidad conyugal y les ayuda a superar otras dificultades. Por último, los esposos reciben la bendición de la paz y la serenidad.


#6 La anticoncepción es una receta para el desastre cultural


El uso de la anticoncepción o de la esterilización niega la verdadera naturaleza del matrimonio y la dignidad del hombre, y sus consecuencias son de largo alcance. Debemos considerar las palabras de alerta del Papa Pablo VI en el número 17 de su encíclicaHumanae vitae de lo que sucedería si se separaba la procreación del acto marital. El Papa dijo que iban a disminuir los estándares morales, que la infidelidad matrimonial y también la falta de respeto hacia la mujer iban a aumentar. También consideró el principio general de que el mal que se acepta a nivel privado, más adelante se acepta a nivel público. La anticoncepción artificial, la esterilización  y el aborto tienen un enorme potencial para ser usados como armas para el control demográfico por parte de las autoridades civiles al intentar “resolver” los problemas de la época moderna. Si eso suena exagerado, considere el programa de un solo hijo por familia, a veces dos, que el gobierno chino le ha impuesto a su propio pueblo, así como los programas de esterilización de la época de Hitler.


#7 Debemos cambiar la cultura, en vez de rechazar la Ley Moral que “no se acomoda” a nuestra cultura


Debemos cambiar las circunstancias que hacen lucir la anticoncepción como si fuese un “mal necesario”. Ninguna solución es permisible si viola la dignidad del hombre, creado a imagen de Dios. El Papa reafirma el principio de que nunca es aceptable hacer el mal para lograr un bien. El progreso socio-económico debe tomar en cuenta a la persona humana en su totalidad. Como un antídoto a todo esto, Pablo VI hace un llamado a la promoción del bien social por medio de los verdaderos valores humanos. Entre esos valores está animar a los matrimonios a crecer en su compromiso mutuo. Ello a su vez conducirá al establecimiento de familias estables, lo cual a su vez hará que surjan más familias que darán la bienvenida a sus hijos en un ambiente de amor y de mayor estabilidad económica.  El Papa también hace un llamado a los medios de difusión a que retiren todo material indecente y contrario a la castidad, ya que esos males promueven una visión pecaminosa y dañina de la sexualidad, la promiscuidad, la objetivación de las personas y muchos otros daños.


Resumen: Esta encíclica, promulgada en 1968 por el Papa Pablo VI, dio la respuesta de la Iglesia a las preguntas sobre el amor conyugal y la transmisión de la vida que habían surgido de las condiciones del mundo moderno.


Nota:

[1]. http://www.theyoungcatholicwoman.com/archivescollection/2013/9/2/the-dignity-of-women-and-pope-john-paul-ii.



 

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