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La Sagrada Familia: El camino para restaurar la sociedad (3-3)

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Padre Shenan J. Boquet
Presidente
Human Life International


La familia bajo ataque

La Iglesia Católica siempre ha afirmado la importancia de la salud de la familia, no solamente como un valor intrínseco, sino también como la necesaria precondición para la salud de la entera sociedad. La familia, nos enseña el Catecismo, es “la célula original de la vida social” (no. 2207).

En el mundo actual, el contexto para el discurso público a menudo se centra en los derechos y libertades del individuo. Sin embargo, el Catecismo de la Iglesia Católica, reorienta esa visión, al considerar a la persona como miembro de una familia y a la familia en relación con la sociedad. El Catecismo nos enseña acerca de los deberes de los hijos y de sus padres, de los ciudadanos y de las autoridades civiles. Enfatiza la dimensión social de la existencia humana y proporciona el antídoto que se necesita para sanar un visión cada vez más fragmentada y fundamentalmente anti-social de la sociedad.



Uno de los grandes retos de nuestros días, especialmente en sociedades secularizadas, es el intento de cambiar leyes que, durante siglos, aún milenios, han reconocido el plan de Dios para el matrimonio y la familia los cuales se fundan en el orden creado. “La vocación al matrimonio se inscribe en la naturaleza misma del hombre y la mujer, según salieron de la mano del Creador” (Catecismo, no. 1603). Y luego añade: “Al crear al hombre y a la mujer, Dios instituyó la familia humana y la dotó de su constitución fundamental” (no. 2203).

Trágica y desastrosamente, durante el pasado siglo y medio hemos sido testigos de un concertado intento por parte de ideólogos de erradicar completamente la institución de la familia (una de las metas explícitas del comunismo) y, cuando eso ha fracasado, de socavar su estabilidad (el divorcio y el mal llamado “amor libre”) o de fundamentalmente transformar su naturaleza (la anticoncepción, el mal llamado “matrimonio” entre personas del mismo sexo y el también mal llamado “poliamor”). Los resultados han sido catastróficos: un aumento sin precedentes del número de divorcios, de niños traumatizados al ser abandonados por uno de sus padres, un enorme aumento de hogares monoparentales y de pobreza en hogares donde la madre ha quedado sola con los hijos, grandes aumentos del gasto público para el bienestar social, una creciente guerra entre los sexos, una epidemia de enfermedades de transmisión sexual y, desde luego, la muerte de millones de seres humanos inocentes a causa de la violencia del aborto.

Por eso me encantó escuchar al anfitrión de un programa de TV de Fox News, Tucker Carlson, quien usó su muy visible plataforma para llamar la atención acerca del valor de la familia. “Un país sin familias sólidas es un país débil”, observó. “Es un lugar volátil y caótico. Es un lugar susceptible a la demagogia política”. Carlson expresó el temor de que en esto es precisamente “en lo que EEUU se está convirtiendo” y exhortó: “Si quieren detener esta caída, apoyen a las familias. Es tan simple como eso”.

Mientras que las maneras en que el Partido Demócrata ataca a la familia son evidentes, Carlson también arremetió contra el Partido Republicano. “Si el presunto conservador programa económico de ustedes no les hace más fácil a la gente joven casarse y permanecer casada y tener hijos, ¿cómo es que eso es realmente conservador?”, se preguntó. “Si los matrimonios son muy pobres para tener hijos y ustedes no les están ayudando, ¿cómo esperan que un conservador como yo vote por ustedes?” Y concluyó diciendo: “El apoyo al matrimonio y a los hijos es la mejor, y quizás la única manera en que los republicanos o cualquiera de nosotros pueda salvar nuestra nación”.

A estas afirmaciones, solo puedo añadir: ¡Amén! Una de las grandes tareas del gobierno es proteger la integridad y estabilidad de la familia y preservar su libertad.

No tengo espacio para mencionar todas las maneras en que podemos trabajar juntos para responder a los muchos y crecientes asaltos contra la familia hoy en día. Sin embargo, hay algo que todos podemos hacer. Se refleja en el famoso clamor de San Juan Pablo II en Familiaris consortio: “¡Familia, conviértete en lo que eres!” (no. 17). Que todas las familias renueven su decisión de ser la escuela de amor a la que han sido llamadas por Dios a ser. Que cada familia busque inspiración en la Sagrada Familia e imiten ese gran modelo de unión entre el amor humano y el amor divino.

Y, desde luego, todos podemos y debemos orar por la familia. Para concluir, quisiera pedirles que se unan a mí en elevar a Dios esta oración de San Juan Pablo II por la familia:

“Dios, Señor Nuestro, de quien toda familia en el Cielo y en la tierra recibe su nombre.

“Padre, Tú eres amor y vida. Por medio de Tu Hijo, Jesucristo, nacido de mujer, y por medio del Espíritu Santo, la fuente de caridad divina, concede que cada familia sobre la tierra se convierta para cada sucesiva generación en un verdadero santuario de vida y amor.

“Concede que Tu gracia guíe los pensamientos y las acciones de esposos y esposas para el bien de sus familias y de todas las familias del mundo.

“Concede que los jóvenes puedan encontrar en la familia el sólido apoyo para su dignidad humana y para su crecimiento en la verdad y en el amor.

“Concede que el amor, fortalecido por la gracia del sacramento del matrimonio, se manifieste más poderoso que todas las debilidades y pruebas a través de las cuales nuestras familias a veces pasan.

“Por medio de la intercesión de la Sagrada Familia de Nazaret, concede que la Iglesia pueda llevar a cabo fructíferamente su misión en la familia y a través de la familia en todo el mundo.

“Te pedimos todo esto a Ti, que eres vida, verdad y amor junto al Hijo y al Espíritu Santo. Amén”.


 

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