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Grave retroceso jurídico en Bolivia: Indefensión de las niñas y niños por nacer

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Autor: Miguel Manzanera

Con estupor hemos sabido que se ha presentado en la Asamblea Legislativa de Bolivia un anteproyecto del Código de la Niña, Niño y Adolescente que no reconoce ningún derecho a las niñas y niños por nacer. Por increíble que parezca el artículo 5 al tratar de los “Sujetos de protección”  establece: “Son sujetos de los derechos de la niña, niño y adolescente, las personas nacidas hasta los dieciocho (18) años cumplidos…”.

La indefensión de los infantes por nacer choca contra la tradición jurídica del derecho romano clásico, que, superando pasadas épocas de brutalidad, otorgó un estatus jurídico al niño todavía no nacido, denominado “nasciturus”, reconociéndole derechos y otorgándole una especial protección por su condición de ser humano vulnerable e indefenso frente a posibles agresiones.

El reconocimiento de la dignidad humana desde la concepción ha sido avalado hoy en día por los modernos avances científicos que reconocen al zigoto, o sea al embrión unicelular, como un nuevo ser con los 23 pares cromosómicos que le configuran como perteneciente a la especie humana y dotado, además, de un dinamismo propio endógeno con potencialidad de desarrollo en las diversas etapas de la vida.

 

Palabras de agradecimiento de Mons. Juan Antonio Reig Pla tras recibir el «Premio Internacional Cardenal von Galen»

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Agradezco a Dios y a «Vida Humana Internacional» la entrega del premio «Beato Cardenal von Galen» en reconocimiento, inmerecido, a mi trayectoria en defensa de la vida humana, el matrimonio y la familia.

 

Quiero hacer extensible este premio a todo el episcopado español de quien recibo el encargo de presidir la «Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida». Del mismo modo quiero expresar mi gratitud al «Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el matrimonio y la familia» donde he recibido las claves para afrontar, desde la antropología adecuada, los embates de la «cultura de la muerte». También debo recordar con veneración y profundo agradecimiento filial al Beato Juan Pablo II y a Su santidad el Papa emérito Benedicto XVI, de los que tanto he aprendido, y que han regalado a la Iglesia y al mundo un luminoso Magisterio sobre el matrimonio, la familia y la vida.

 

Sin los colaboradores de Valencia, mi Diócesis de origen, y sin los demás colaboradores de las Diócesis de Segorbe-Castellón, Cartagena y Alcalá de Henares, no hubiese sido posible continuar la hermosa tarea de anunciar y servir el Evangelio de la familia y de la vida. Gracias a todos ellos y a quienes me han acompañado en la Subcomisión de Familia y Vida para alentar y ayudar a las Delegaciones de Familia y Vida, a los Centros de Orientación Familiar (COF) y a todos los movimientos  familiares y pro-vida de España.

 

 

Amor del prójimo y amor de Dios

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Viernes 12 de abril de 2013

Querida Familia HLI,

 

«Ves la Trinidad si ves la caridad" -San Agustín

 

Durante las misiones que he tenido, frecuentemente me reuno con grupos locales  de Pro-vida. Mientras estamos compartiendo experiencias, dificultades e ideas, inevitablemente alguien va a preguntar, "qué se necesitaría realmente para  dar lugar a una genuina transformación de la cultura? Benedicto XVI escribió en este sentido muy seguido sobre esta interrogante y sobre su respuesta.  El no tenía la esperanza de una sociedad duradera puramente justa y secular:" no hay duda, por consiguiente, que un Reino de Dios" conseguido sin Dios - un reino por lo tanto del hombre solamente- termine inevitablemente con el  más "perverso fin" entre todas las cosas.

 

(Spe Salvi, 23). En otras palabras, no puede haber una Cultura eterna o civilizacion de amor sin Dios,  por mucha valentia y esfuerzo que se le ponga.

 

Actualmente enfrentamos un gran dilema, ya que vivimos entre personas quienes han olvidado su origen y dignidad. Muchos son incapaces de distinguir entre la voz del Buen Pastor y las voces falaces del secularismo y el relativismo que nos rodean constantemente. El resultado es una cultura que olvida que esta hecha para cosas mas importantes -para la vida en su máxima abundancia, y para Dios.

 

 


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